Conversando con Martha Escudero cuenta cuentos.

Por Alexander Hernández (desde Venezuela)

«No todos los cuentos son para niños»

Martha Escudero llegó a Barcelona procedente de Ciudad de México D.F., una de las ciudades más dulces y terribles de América Latina. Llegó cargada de ilusiones, por primera vez saltaba el océano para asomarse al continente europeo. En Barcelona descubre el Mediterráneo y el verdadero significado del color azul marino. Aunque desde México había visto muchos mares el azul marino mediterráneo impresionó de una manera inusual su retina. Transcurrían los primeros años de la década de los noventa cuando Martha acudía emocionada a los cursos de verano de la Escola d’Expressió i Psicomotricitat Carme Aymerich, que eran un verdadero canto a la diversidad, la creatividad y la cultura.

Hoy en día Martha es una de las narradoras orales más auténticas que conozco, narra hermosamente en castellano mexicano como en catalán. Si Sherezade hubiera nacido en México estaría seguro que llevaría por apellido Escudero. Fue por los años 90 cuando se inició en el arte de la narración, aunque en el morral de su vida ya había un recorrido. Un experimento fue clave en este empuje al que llamaron “Corazones Zurcidos”, la idea central era contar cuentos para adultos, como en los primeros tiempos. A continuación la primera parte de una entrevista realizada a Martha Escudero en Barcelona.

DSC_0058Fuente:www.marthaescudero.com

Martha, ¿Cuándo aparece el tema de la narración oral en tu vida?

– Había una relación de utilizar historias, precisamente para los talleres con los niños, pero no con la intención de contar cuentos, para nada. Tenía la experiencia de haber compartido con mi hijo momentos muy divertidos con un hombre que yo había conocido, esto fue una cosa muy particular. Yo viví en un pueblo del interior de México San Miguel de Allende, y en ese pueblo se celebra un festival de títeres muy importante a nivel mundial.

Y un día en el entorno del festival conozco a un personaje, un hombre muy particular, muy alto corpulento, totalmente chalado, y hablamos y nos conocimos, él había trabajado en circos y me parece recordar que su familia era de circos, de cirqueros, de circos de estos cutres, él había hecho de payaso y de mimo y no sé qué más. Pues al cabo de diez años, después que ya yo tenía a mi hijo y mi hijo tenía cinco años, voy y me lo encuentro en el Distrito Federal, y se hacía llamar El Gran Miko, que llegaba al medio de una plaza allá en Coyoacán con una bolsota, dejaba la bolsota en el medio y se iba a gritar “órale vengan todos que van a empezar los cuentos”. Y eso sucedía todos los sábados.
Entonces yo ahí, en el momento no fui conciente de ello, tomé la conciencia después, de cómo yo, el público, los niños, quedamos encantados con el tipo ese, pero encantados, a mi hijo le encantaba, es que era religión teníamos que ir por fuerza. Y yo reflexioné después sobre el poder de las palabras, de este tipo, él se inventaba unas historias maravillosas unas cosas geniales, muy divertidas. Y digamos que estando en México ese fue mi contacto con los cuentos. En México ya existía un movimiento de narración, pero yo no lo conocía, no estaba cerca.

¿Y en el entorno familiar había alguna relación, alguien que contaba cuentos?

– Cuentos, cuentos, lo que se llama cuentos… yo tengo por el lado de mi madre, que era la mejor contadora de chistes que he conocido en mi vida, ella tenía un reconocimiento de toda la familia, que aun veinte años después de muerta cuando nos reuníamos toda la familia decía, “ay los chistes que contaba tu mama”. Es que de verdad era genial. Esa era mi mamá.
Y mi padre que te repetía o te contaba y te narraba sus aventuras, sus batallitas, de después de la guerra, de cuando se fue a México, prácticamente esa, ya después se le hizo un vacío, yo creo. Pero esas si te las contaba… te las contaba y te las volvía a contar e incluso llegaba un momento que se las pedía que me las contara, a mi me gustaba mucho que me contara esas historias. Y luego, durante una temporada y ya mayor, debía tener unos 14, 15 años. Un amigo de mi hermano, en aquel entonces estudiaba veterinaria, este amigo tuvo un accidente, un accidente muy grave, y se tuvo que quedar en mi casa porque lo tenían que atender, bueno… total que su madre se vino a la casa, ellos eran del interior del Estado de Hidalgo. Y la señora contaba unas historias de miedo geniales. Digamos que esos fueron los antecedentes familiares así que yo recuerdo de los cuentos.

¿Cómo comenzó la aventura de los cuentos?

– Lo primero que se me ocurrió fue buscar cosas de México, para contar aquí, tal vez, yo creo, y eso viene después de una reflexión posterior, era como la necesidad de contar miren ustedes lo que yo tengo, lo que yo soy, lo que yo traigo, de dónde vengo, era como explicarme yo, y con total desconocimiento pues empecé a buscar material de tradiciones prehispánicas, de leyendas de la colonia, y no me fue fácil, y no lo fue porque no tenía los referentes a cómo elegir las historias o que puntos pueden ser interesantes en las historias para la gente, qué podía aprovechar para construir una dramaturgia que después fuera interesante, fuera divertida para la gente. Pero la primera, la intención primordial fue buscar cosas de México para contar aquí.

¿Te llevó esto a descubrir historias que desconocías de México?

– Definitivamente, me volví a estudiar la historia de México, me compré libros de historia de México, me volví a repasar todas las culturas prehispánicas, enterarme de cosas… mira tú y esto, a mí me lo habían enseñado de otra manera, revivir la conquista, me puse a estudiar y a estudiar, y fue un descubrimiento maravilloso, fue como si descubriera a México en la distancia y el alimento era brutal, era muy rico.

¿Y qué historias salieron de allí, de esa búsqueda, de ese indagar en tu país?

– ¿Historias que conté? Conté o adapté, o traté de adaptar la historia del Quinto Sol, del origen del sol, de cómo previo al sol que nos alumbra han existido otros cuatro soles. Conté la historia del origen del mundo a partir de la creencia de estos dos seres primordiales Ometeziclue y Omeziclua. Conté, digamos, el porqué de la lluvia con Tlaloc, el dios Tlaloc, todo lo que es y sus desamores con Chalchiutlicue. Por ahí cerré más o menos el tema prehispánico porque era complicado para mí, era un lenguaje dificilísimo y mucho más trasladarlo a la cultura occidental a la cultura de aquí.

¿Cómo fue la relación con el público con ese material que habías investigado de los dioses y parte de la historia precolombina de México?

– Fue darme cuenta de que lo que yo quería decir, tenía que buscar la manera de decirlo sin dar una conferencia sino contando una historia y eso en el principio me costó tanto trabajo que no lo hice, lo que hice fue cambiar de historias y buscar cuentos que fueran un poco más accesibles para oídos de aquí y comencé a contar las historias del conejo y cosas así. Me quedé digamos que un poco frustrada con ese intento de acceder al tema prehispánico y traerlo para acá. Ahora sé cómo hacerlo pero a través de darme cuenta de cómo hay que buscar, hay que encontrar la manera de dar la información sin que parezca que estás dando la información, pero claro esto lo aprendes a fuerza de equivocarte muchas veces.

IMG_2221Fuente:www.marthaescudero.com

En la Barcelona de 1993 había un movimiento de narradores que contaban cuentos básicamente para la atención de los niños ¿pero tus cuentos del principio, estos cuentos prehispánicos no eran para niños?

-Intenté contar para niños y también para grandes. Para grandes me daba el lujo incluso de no explicar nada y los grandes son muy educados y aplaudían, pero tampoco se comían los cuentos, eso lo comprobé tiempo después cuando encuentras gente de esa que a uno le ayuda muchísimo y que te dice, “si muy bonito oye, pero es que no entendí nada”. Era más fácil contar para adultos no se tenía que trabajar tanto.

¿Qué diferencia hay entre contar para adultos y para niños, según tu experiencia?

– Con los niños tienes que encontrar un lugar. Un lugar desde donde les vas a contar y tener muy claro cómo te vas a relacionar con ellos. Tú les puedes contar como si fueras como ellos, como si fueras su papá o su mamá o como si fueras su abuelo y su abuela o como si fueras uno de ellos. Entonces si tú te pones en el nivel de los niños tienes que ser capaz de recuperar tu infancia y ponerte a jugar en ese mismo universo, pero si no lo puedes hacer ni lo intentes porque se te va a notar y los niños te lo notan enseguida, entonces si no puedes hacer esa recuperación de tu propia infancia sube al siguiente nivel, ponte como mamá, no de mamá regañona pero si de te voy a contar algo que yo se porque soy más vieja que tú, yo soy más grande que tú, nada más por eso. Y ya cuando han pasado los años y realmente tiene unos años más, llegas al nivel en el que estoy contando ahora para los niños que es un disfrute enorme porque les estoy contando no ya de, te voy a contar algo que tú no sabes, porque no has vivido porque aún no has llegado, sino más bien de te voy a contar algo que solo yo sé porque tu no lo vas a poder vivir porque ya no existe.
Yo creo que es muy importante con los niños tener muy claro el lugar que ocupas o como te pones delante de ellos porque tienen visión de rayos X, te miran hasta el espíritu, y si tú no eres totalmente honesto los niños no te van a hacer caso, y van a ser crueles como son de normal y claridosos y no te van a tener paciencia y no te van a hacer caso y se acabó.

IMG_2203Fuente:www.marthaescudero.com

Alexander Hernández, es cuenta-cuentos, periodista y doctorando en Comunicación.

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