Fuente: Fototeatro.cl

El teatro como memoria

Por Susana Barrera. En octubre de 2013, fui al Teatro Nacional Chileno (TNCH) en la sala Antonio Varas, con una amiga extranjera que estaba de paso, a ver la obra El Señor Galindez.

Foto:fototeatro.cl

Por Susana Barrera (desde Santiago de Chile)

En octubre de 2013 fui al Teatro Nacional Chilena (TNCH) en la sala Antonio Varas, con una amiga extranjera que estaba de paso, a ver la obra El Señor Galindez (1), todo un clásico del teatro argentino del psiquiatra y actor Eduardo Pavlovsky escrita en 1973(2), y que muestra el confuso mundo interior de los «profesionales» de la tortura.

Soporté toda la función… cuando salimos a calle Morandé, a eso de las 21.30 horas, estaban los furgones verdes (policiales) rodeando la inmediaciones del Palacio de la Moneda, en la lateral calle Morandé y avenida La Alameda.

Había poca gente circulando, acordonamiento de carabineros, perros ladrando de manera enfurecida, vidrios quebrados en el suelo, tufillo de lacrimógenas en el ambiente, y se percibía que el alumbrado público era muy tenue. Me sentí en un estado febril extraño. Le cogí a mi amiga del brazo y le pregunté qué está pasando, sentí que la obra, de algún modo, era como que continuara, y que yo era parte de la misma.

Caminábamos y por nuestro rededor se movían los carabineros con los perros…

Camino al metro en la otra acera de enfrente, la de la Casa Central de la Universidad de Chile, se dibujaban perfiles de figuras humanas que correteaban en medio de una bruma.

Mi corazón estaba al galope, hasta que estallé en un llanto adolorido que no pude contener. Mi amiga me arrinconó en la patilla de un negocio de por allí y yo tenía en mi cabeza una nebulosa tal que no sabía distinguir donde estaba si en una escena de teatro, en un sueño o en una experiencia real.

Las palabras de consuelo de María lo lograban volverme a la realidad.

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Mi cuerpo tuvo que vaciar todas las lágrimas represadas, quien sabe por cuánto tiempo…; y si sería todo lo que tenía o una parte guardada… o simplemente un arroyuelo de la mar de dolor que aun guardamos quienes tenemos amigos directos y con vínculos afectivos desaparecidos aun. Un presente continuo interminable, que tan solo el recuerdo se torna una tortura permanente.

La escena de la tortura con «picana» (3) con brazos y pies amarrados me hizo evocar la “Venda sexy” (4). Momentos que todavía me persiguen y me dejan atrapada. Momentos en que me pregunto si yo soy la que me dejo atrapar, o el estar atrapada es parte de vivir-atrapada, o ser consciente de ello me hace des-atramparme como si por mí misma lograra desatarme de esas correas que nos ponían al momento de ser torturada aplicándonos este infernal instrumento.

Una vez restituida de la tortura y revivida mi cuerpo quedó en un estado levítico. Seguía agarrada del brazo de María caminando por la avenida Alameda. Todo el ruido se había ido y hablaba en frases cortas tratando de tranquilizar a María con algunas palabras, era como recobrar poco a poco el sentido en esa sala de cuidados intensivos.

Creerán que esta experiencia la he contado brevemente a una o dos personas, no con todo el detalle. Es que ni a mis hijas estoy en condiciones de contársela porque no sé cómo lo pueden tomar.

Creo que, de cualquier manera, la lucha continúa y cada cual sabe en la trinchera que está. Quienes somos educadores y creyentes tenemos un espacio importante en las tribunas docentes para aportar en la humanización del ser humano y soñar con El Dorado, o En busca de la Loma Santa, o la Tierra donde no existe el mal, o la Utopía de San Simón o cómo queramos llamarla; pero aquí en la Tierra hasta el final de los días que cada cual tiene contados en algún libro…

Hago propicio el momento para compartir esta experiencia desde lo más hondo de mi sentimiento.

*Susana Barrera, es educadora.

Notas

(1) A comienzos de los 70, El señor Galíndez se convirtió en un gran éxito. En 1974, durante una función de la obra en el Teatro Payró, la represión militar puso una bomba. El montaje analizado fue dirigido por Antonio Altamirano y contó con las actuaciones de Luis (Tato) Dubó, Gabriela Medina, Roxana Naranjo, Daniel Antivilo, Mariana Muñoz y Nicolás Zárate.

(2) Pavlovsky no renunció a lo que definía como su «militancia cultural» (a propósito del bombazo en el Teatro Payró en noviembre de 1974, donde se representaba El Señor Galíndez) y estrenó en 1977 Telarañas, alegato contra el fascismo, instalado en la familia. La dictadura argentina prohibió la obra por considerarla un atentado a la moral y luego, cuando su casa y consultorio fueron allanados, el dramaturgo eludió el cerco huyendo por el tejado. Tuvo que salir del país y en 1978, con pasaporte vencido, vía Uruguay y Brasil, se instaló en Madrid. Sus obras más conocidas, al margen de El señor Galíndez, son Telarañas, Potestad y Rojos globos. Estos tres últimos títulos fueron llevados al cine. Entre otras distinciones ha recibido el Premio del Teatro IFT (1967), el Premio del Festival de Teatro de las Américas (Montreal, 1987), el Premio de la Revista Time Out (Londres, 1987), el Premio Molière (Francia, 1989)), el Premio Prensario (1994)), y los Premios Argentores y ACE (1995).Además de 24 obras de teatro, también escribió una novela, (Sentido contrario, 1997) y casi una veintena de libros sobre psicoterapia. También dirigió un documental, Prohibid (1997) y se desempeñó como actor en media docena de películas, entre las cuales figura Los chicos de la guerra.

(3) Una de las torturas predilectas de los órganos represivos de las dictaduras del Cono Sur de América Latina consistía en la aplicación de descargas de corriente eléctrica en partes sensibles del cuerpo (pezones, genitales, etc.) mediante un siniestro dispositivo que era conocido como Picana.

(4) En la Discotéque o Venda Sexy las detenidas eran mantenidas con vista vendada, mientras eran sometidos a vejaciones de tipo sexual con música de fondo sonando a todo volumen. Fue un centro de detención y torturas de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), la Gestapo de los primeros tiempos de la represión de la dictadura fascista chilena, ubicada en la intersección de la calle Irán con Los Plátanos en la actual comuna de Macul en Santiago de Chile (http://www.memoriaviva.com/Centros/00Metropolitana/Recinto_DINA_venda_sexy.htm). Funcionó desde finales de 1974 y hasta mediados de 1975, en forma paralela a Villa Grimaldi; acaso uno de los más terríficos centros de torturas y exterminio del letal régimen dictatorial.

1 thought on “El teatro como memoria

  1. SUSANA… TU LABOR CREA LA POSIBILIDAD DE HACER UN MUNDO NUEVO, ESE QUE HABITA EN EL CORAZÓN DE MUCHOS JÓVENES POR TODO EL MUNDO; DA POR CIERTO QUE «QUIEN SIEMBRA CON LAGRIMAS COSECHA ENTRE RISAS».. FUERZA Y VALOR AL COMBATIR… BENDICIONES..!!

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