La Cia Capicua y sus Entredos

Por Raisa Alvear (desde Barcelona). Nunca he ido al circo. Corrijo. Nunca había ido al circo. Hablando del circo de antaño. El de carpas apoteósicas y animales exóticos. Nulos recuerdos guardo del circo.

Por Raisa Alvear (desde Barcelona)

Nunca he ido al circo. Corrijo. Nunca había ido al circo. Hablando del circo de antaño. El de carpas apoteósicas y animales exóticos. Nulos recuerdos guardo del circo. Sin embargo, y desde hace ya unos años, el circo surgió. Y surgió del que me acompaña y se hace llamar compañero. Hago cuerda – me dijo un día… Mira tú qué curioso –pensé-. Y ahora, heme aquí, a las 10.45 de la mañana de un sábado en la Plaza Sant Domènec de Manresa esperando el comienzo de un espectáculo de circo en la Fira Mediterránea de Manresa.

Café y croissant reza en el café “Las vegas” de la Plaza Sant Domènec de Manresa. Compro y me siento en compañía de las dos arquitectas de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC). Las acompañantes. Uno que otro viejo camina lentamente a lo viejo (entiéndase la cabeza baja y las manos entrelazadas en la bajaespalda) en las inmediaciones de esta plaza de Manresa. Hacia el centro de ella se alza una estructura de mental a lo columpio (piénsese en un columpio gigante sin las cadenas y los sillines que lo hacen columpio) resguardada del mundo gracias a barreras metálicas de (cervezas) Damm. La estructura de metal a lo columpio da cobijo a tres paredes de tela negra. El escenario. Cuelgan corbatas de marcos de cuadros sin cuadros. Una silla cubierta de una tela de color rojo. Un armario rocambolesco. Y una suerte de maleta-taburete-cuerda.

DSC_0009

Dos chavales, en la lejanía, pelean con una mesa de sonido. Comienzan las curiosas pruebas. Música. Probando. Si, si, si… ¿Dónde está el? …aquí aquí trae – le comenta el chaval de la izquierda al chaval de la derecha. Silencio. Una chica enfundada en una sudadera negra aparece de sopetón en las escaleras del edificio cercano al escenario aro de metal en mano. Uno le silba. Sonríe sin girarse hacia el silbido. Coge el mosquetón sujeto a la cuerda que cuelga dormida en el centro del escenario. Engancha el aro de metal. Desaparece.

Ya son las 11.05 pasadas. Las 11.07 tal vez. De las calles adyacentes a la Plaza comienza a aparecer gente y gente. Una banda, a lo lejos, toca calentando el ambiente de aires lúdico-festivos. Café y croissant. Otro arquitecto de la UPC se une. El acompañante. Unas francoparlantes entradas en años, 3 concretamente, se suben encima de la caseta de información cercana al café y bailan. No contentas se meten entre las macetas de las plantas que delimitan el café. No contentas aun se pasean esquizamente entre las mesas del café ante la curiosidad de los presentes. Nadie entiende nada. ¿Qué se han metido estas guiris? –pienso-. Pasado un rato todo comienza a cobrar cierto sentido. Las francoparlantes se suben encima de la caseta de información cercana al café y bailan. Pasean entre las macetas de las plantas que delimitan el café. Y pasean «ezquisamente» entre las mesas del café haciendo movimientos de contacto. Preparando un algo están… digo un algo por que nunca se supo el resultado final de tanto baile y tanto paseo.

Pregunto compulsivamente a los acompañantes la hora. Las 11.15. Han pasado 5 minutos – dice algo hastiada una de las arquitectas-. Por alguna extraña razón, y pese a estar literalmente al lado del escenario, no quiero hacer tarde. Estupidez humana – pienso-. Ya he visto el espectáculo – pienso-. Un día de verano en casa, Tarragona, contemplando el polvo brillante de los muebles de la habitación a la luz del sol, el que me acompaña y se hace llamar compañero descubrió gracias al maravilloso caralibro que la Cia Capicua actuaba ese mismo día, el 19 de agosto, a las 19.30 de la tarde en la Plaza Berenger del Hospitalet de l’Infant. Ostras el Hospitalet de l’Infant está aquí al lado – dije ¿ah siii? – dijo él… Si, si, si… en dirección contraria a Barcelona. Y hacia allí partimos.

DSC_0042
Las 11.30 pasadas. Dos chavales quitan las barreras de (cervezas) Damm que resguardaban del mundo la estructura a lo columpio. Un grupo de niños, al igual que cachorros encerrados, corren hacia el escenario. La primera fila desaparece en cero coma. Los niños-cachorro exploran el escenario con los ojos de arriba abajo y de abajo arriba extasiados. La segunda fila desaparece en cero coma. Otros niños-cachorro y los padres de los primeros niños-cachorro la ocupan.

Yo y los acompañantes ocupamos el centro de la tercera fila rodeados de niños-cachorro y padres de niños-cachorro. Las figuras de 3 chicas y un chico se aprecian detrás de una de las paredes de tela negra del escenario. ¡CAPICUAAAA! Gritan manos en alto cual grito de guerra. Una voz en off anuncia el comienzo del espectáculo: SEÑORES Y SEÑORAS, NIÑOS Y NIÑAS EL ESPECTÁCULO ESTÁ APUNTO DE COMENZAR, POR FAVOR APAGUEN LOS TELÉFONOS MÓVILES. Silencio. Suena un reloj, el público gime ante estruendoso ruido del reloj y el probable recuerdo de los madrugones mañaneros. Un chico de intensos ojos azules y pelo enmarañado yace dormido en la cama ya no desecha del escenario. Los niños-cachorro suspiran. Comienza la magia…

50 minutos pasan. Solo en 50 minutos, que se hacen 10, la Cia Capicua impresiona, enternece, asombra y entretiene a los presentes con sus Entredos. Las artes circenses de cuerda, trapecio y aro, el clown y el teatro se entremezclan, al alero de una escenografía onírica e imaginativa, en Entredos devolviendo a los espectadores a la infancia olvidada en la que no existían los teléfonos móviles y en la que las calles eran los espacios de juego.

Si no guardáis recuerdos del circo no dudéis -si podéis- en crear recuerdos de la mano de la Cia Capicua y sus Entredos.

DSC_0022

* Raisa Alvear, es Sicóloga (y casi Antropóloga), Master en salud mental e investigación en Neurotoxicología (de la URV, España y University of Sant Andrews, Escocia), y doctoranda en Biomedicina en la Universidad de Barcelona.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *