Fotografía: Antic Teatre

“Ye Orbayu”: la lluvia (demente) del cabaret canalla de Redondo y Albuerne

Por Raisa Alvear (desde Barcelona). Un día en clases de circo, si si asisto cada miércoles a clases de circo en la Piccolo Cirkus del barrio de Gracia, escuche cuchichear a algunas de las alumnas sobre una actuación de clown…

Por Raisa Alvear (desde Barcelona)

Un día en clases de circo. Si, si, asisto cada miércoles a clases de circo en la Piccolo Cirkus del barcelonés barri de Gracia. Escuché cuchichear a algunas de las alumnas sobre una actuación de clown. Creo que son amigos de gente de aquí, le dijo una que se ponía unos pantalones a otra que se ponía una camiseta… Creo que el martes que viene es la última función, dijo la que se ponía una camiseta a la que se ponía unos pantalones. ¿Ah sí?, dijo una que de pie estiraba el cuello esperando comenzar la clase. Si, si, espero poder ir… Haber si encuentro a alguien que haga la clase ese día, dijo la que me enseña y se hace llamar profesora.

¡Pues deberíamos ir entonces!, acordaron las ya no tan desnudas alumnas. Yo acordé lo mismo. ¿Dónde es esto del clown?, pregunté… En el Antic Teatre cerca de Urquinaona, dijo con una sonrisa la que me enseña y se hace llamar profesora. Hemos de comprar las entradas a un espectáculo de clown que hacen en el Antic Teatre, sentencié ante la atenta mirada de la que me acompaña y se hace llamar compañera de piso al llegar a casa. Eh… ¡vale! -dijo- sin rechistar, la que me acompaña y se hace llamar compañera de piso.

Y ahora, heme aquí, a las 20:05 hrs. de la tarde de un martes saliendo del portal de casa enfilando camino hacia Antic Teatre. 15 minutos pasan. Una puerta, plagada de carteles varios, en la que pone antic teatre. Entramos. Mesas y sillas de colores, velas y lucecitas. Chic y cuco. Muy Born Barcelona. No hay ni rastro de la supuesta taquilla en la que debemos recoger las supuestas entradas reservadas del espectáculo. ¡Nada! Entramos al bar. Pregunta en la barra, yo he de ir al lavabo, le digo a la que me acompaña y se hace llamar compañera de piso… No, no, no, yo he ir al lavabo también. No quiere preguntar… Yo tampoco –pienso-. Pereza y vergüenza. Lavabo. Forcejeo de puertas… Alguien intenta entrar al lavabo. ¡Qué violento és! Salimos.

Son civiles… Son 150 contra 20 –dice la camarera a uno-. La camarera me mira y mueve la cabeza haciendo un gesto de pregunta. Perdona, ¿dónde se recogen las entradas? – digo-. Mira ahí está la chica de la taquilla, dice sonriendo la camarera a la par que dice ¡siguiente! Hola, tenemos reservadas unas entradas, dice la que me acompaña y se hace llamar compañera de piso. ¿Tienes la confirmación de internet?, pregunta la chica de la taquilla. Si, si, si, aquí tienes, dice la que me acompaña y se hace llamar compañera de piso. De acuerdo, aquí las tienes, dice la chica de la taquilla.

Tras pagar el módico precio de 16 euros tenemos por fin las entradas en nuestras manos. La que me acompaña y se hace llamar compañera de piso y yo nos miramos y decimos, ¿caña? Quedan 15 minutos. Una cañita rápida. Hola una caña, no un “champú”, digo una ¡clara!, digo… ¡Ja, ja, ja!… Aquí tienes cariño, ¡siguiente! -dice la camarera-. Ninguna mesa en el bar. Salimos a la terraza. Frío. Hace frío. El “invierno” ha llegado a Barcelona. La que me acompaña y se hace llamar compañera de piso se lía un cigarro.

Observo abstraída a la gente de la terraza. Hay gente de todos los colores. Unos americanos conversan sobre la guerra en la mesa de al lado. ¿Me das un calo? –pregunto-. Si, si, dice la que me acompaña y se hace llamar compañera de piso. Fumo. Bebo. ¿Controlas la hora? –pregunto… Si, si, son menos cinco, ¿entramos?, pregunta la que me acompaña y se hace llamar compañera de piso. Y entramos. El bar desborda gente, abarrotado. Gente con gorros, gente con bufandas de colorines, gente con chaquetones… Invierno si, si –pienso-. Un contrabajo enfundado en una carcasa dura de color naranja mate me hace compañía en la fila de espera de entrada al espectáculo. La gente habla, habla y habla. ¡Qué frío! – resopla una chica enfundada en una chaquetón gris. ¡Qué nervios! Las entradas no están numeradas abrá que correr –pienso-. Esperamos. ¿Qué hora es? – pregunto-. Las 21.01 horas, enseñando el móvil la que me acompaña y se hace llamar compañera de piso. No entiendo… ¿No comenzaba a las 21.00 horas esto? – digo-. ¡Molesto un momento eh!, dice un chico con un casco de moto blanco en la mano a una chica que espera delante nuestro…

Acto seguido empuja a la chica. Ríen. “Perdón, perdón”, dice una chica con acento francés abriéndose paso entre la gente. Se instala la chica y la enorme mochila de la chica delante al lado de la chica que ha sido empujada. ¿NECESITA ALGUIEN MÁS VALIDAR LA ENTRADA?, vocifera la taquillera a la multitud de gente. ¡NOSOTRAS, NOSOTRAS!, dicen las de una mesa de 4 sentadas al lado de la fila de entrada. Nadie se levanta a validar ninguna entrada. Esperamos… Voces y más voces resuenan en el interior del bar.

Observo la espalda de la compañera de circo a la que aun no he saludado. No sé qué decirle –pienso-. La chica del circo ha mirado hacia aquí y te ha visto – dice la que me acompaña y se hace llamar compañera de piso. No ha dicho nada, tal vez al ver que escribía, no quiso molestar – pienso-. ¡ABREN LAS PUERTAS! 21:10 horas.

Corremos intentado no parecer desquiciadas. La fila de entrada no es clara, la gente se aprovecha del pánico y se cuela sin importar nada. Cunde la histeria y el pánico. La histeria, ahí presente, aflorando la animalidad de cada uno. Todos a muerte. Empujoncitos. Los asistentes a este espectáculo no guardan una estrecha relación con el animal interior. La taquillera, repite una y otra vez, ¡APAGAD LOS MÓVILES POR FAVOR! a la par que corta las entradas de los asistentes. Entramos. Huele a Pachuli. La sala es prácticamente igual a una sala en la que vi una obra de teatro amateur de unos estudiantes de la Universidad de St Andrews. Butacas a la izquierda, escaleras a la derecha y escenario minimalista y pequeño.

Tan solo se ve una cortina roja aterciopelada que cuelga de lado a lado del pequeño escenario y una mesa de color marrón en el centro. Se bajan las luces. Pasamos de la iluminación de un día de sol a la iluminación rojiza de un “puticlub”. Ruido de platos y cubiertos, ruido de coches y camiones, ruidos de trajineo. Un tío de espaldas. Camiseta interior blanca y slips blancos. Enclenque y lánguido. Camina y desaparece. Otro tío de espaldas. Sin camiseta y slips blancos. Rechoncho y vigoroso. Camina y desaparece. La caminata y la desaparición del Enclenque y el Rechoncho se repiten tres veces. Nadie entiende nada. Una risa histérica y nerviosa en la fila 3. El Enclenque se enfunda una chaqueta negra y el Rechoncho unos tacones. Surge casi de la nada una caratula de un disco de vinilo con la cara de Dvořák, el compositor clásico checo, de la mano del Enclenque. Y, a la par, aparece una caratula de un disco de vinilo con la cara de Conchita Piquer -la cupletista valenciana- de la mano del Rechoncho.

Risas en la fila 4 y la fila 6. Y la histérica de la fila 3. Nadie habla. Ni siquiera los que hacen el payaso en el escenario hablan. Risas y más risas. Equilibrios en botellas de sidra asturiana y lanzamiento de palomitas a los asistentes del espectáculo. Una risa colectiva y sincronizada estalla en la sala ante el revoloteo del Enclenque, cual mariposa borracha y metalera, al son de Rammstein sobre el escenario. Caen lágrimas. Gimen abdominales. Las risas no cesan ya más.

Ye ORBAYU , en síntesis, es un espectáculo de dos para muchos… Es un espectáculo en el que el payaseo, el mástil chino, el teatro físico, el clown y las acrobacias se en-redan y des-enredan componiendo una mezcolanza de escenas inconexas e irreverentes. Sin duda alguna, Ye ORBAYU, y la cómplice dupla de Redondo (José Luis) y Albuerne (Jorge), son una de LAS propuestas artísticas del circo alternativo y contemporáneo de la siempre innovadora escena artística barcelonesa.

Raisa Alvear, es Sicóloga (y casi Antropóloga), Master en salud mental e investigación en Neurotoxicología (de la URV, España y University of Sant Andrews, Escocia), y doctoranda/investigadora en Biomedicina en la Universidad de Barcelona.

Fotografía: Antic Teatre
Fotografía: Antic Teatre

Información adicional

YE: En la Lengua Asturiana, tercera persona singular del presente de indicativo del verbo “ser”. (cast.: es).

ORBAYU: Así se denomina en el territorio Asturiano a aquella lluvia liviana, casi imperceptible, pero que empapa… también tenemos de otros tipos, por lluvia no será, pero ésta es, sin duda, la que mejor nos define. (cast.: calabobos).

Creación escénica humorística a partir de algunos de los mejores momentos que han ido surgiendo en las trayectorias artísticas de Redondo y Albuerne en la búsqueda de la risa (propia y ajena). Y utilizándolos a su vez, como disparador para crear otros nuevos; dejándose atravesar por el singular imaginario de su tierrina asturiana.

Una pieza de piezas cosida con hilos de circo y que quiere ser como el orbayu, liviana, casi imperceptible, pero con la firme pretensión de calar hasta los huesos.

Jorge Albuerne, Asturiano: realiza estudios de Grabado y Estampación en la EAAyOA de Oviedo. Se licencia en Bellas Artes en la Universidad del País Vasco especializándose en Cerámica y Escultura. Vinculado desde años al mundo del circo de calle, inicia su formación en danza en Bilbao y simultáneamente continúa su formación circense en equilibrios acrobáticos, cuadrante aéreo, mástil chino y trapecio volante.

José Luis Redondo, Asturiano: es titulado en Ciencias de la Actividad física y del Deporte. Ha estudiado diferentes técnicas de circo como aéreos, equilibrios, malabares, acrobacia y clown en la Escuela de Circo Carampa (Madrid, 2004-05) y ha continuado sus estudios de circo en la Escuela de Circo Criollo (Buenos aires, 2005-06).

Idea, creació i interpretació: José Luís Redondo y Jorge Albuerne
Escenografía: Redondo/Albuerne
Il·luminació: Redondo/Albuerne
Espai Sonor: Redondo Albuerne
Direcció: No la tenim, anem a la deriva…

Agraïments a l’Antic Teatre, Tub d’Assaig, Fira de Circ de La Bisbal, a molta bona gent que ens dóna suport, que ho sap i que no necessita aparèixer als programes dels teatres i a la nostra “tierrina”: Astúries.

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