Ana María Puga y Alejandro de la Barra. Fotogragía: Sitio web Villa Grimaldi.

La historia del hijo (y la nuera) del maestro Pedro de la Barra asesinados por la dictadura chilena, contada por su nieto

Alejandro de la Barra, hijo del recordado maestro del teatro nacional chileno…

Alejandro de la Barra, 24 años, cientista político y militante del MIR e hijo del recordado maestro del teatro nacional y uno de los padres fundadores del teatro universitario chileno (Teatro Experimental), Pedro de la Barra, fue cobarde y vilmente asesinado, junto a su esposa Ana María Puga, 25 años, profesora y actriz -también militante del MIR-, por los comandos Caupolicán y Halcón de la DINA; la siniestra policía secreta de los primeros años de la deleznable dictadura de “El Innombrable”, dirigida por el temible genocida Manuel Contreras, fallecido este año en una de las “cárceles de oro” en Santiago de Chile y condenado, por este y otros casos, en mayo de 2015 a 505 años de prisión.

El hecho ocurrió un día 3 de diciembre de 1974 en las intersecciones de las calles Pedro de Valdivia y Andacollo de la comuna de Providencia en la capital chilena, en circunstancias en que retiraban a su hijo Álvaro del jardín infantil en el que asistía el menor ubicado en dicho lugar.

El informe Rettig de la Comisión de Verdad y Reconciliación (1990) señala que “Alejandro de la Barra y Ana María Puga se movilizaban en un automóvil y al llegar a la intersección ya mencionada se les disparó sin que hubiese habido orden de detención ni resistencia de su parte, por lo cual tiene la convicción de que fueron (fríamente) ejecutados por agentes estatales, en violación de sus derechos humanos”.

Hace un año, con motivo de cumplirse los 40 años del funesto episodio y de la dictación de sentencia judicial contra los asesinos, Álvaro de la Barra, hijo de la malograda pareja y nieto del maestro de la Barra, estrenó el documental “Venían a buscarme” en donde reconstruyó su triste historia e identidad a través del asesinato de sus padres.

Él fue uno de esos tantos niños que sufrieron la violación de sus derechos humanos, ya sea mediante el secuestro y/o asesinato de sus progenitores o porque derechamente fueron asesinados. Se estima que fueron alrededor de 700 niños quedaron huérfanos como resultado de la represión ejercida por la dictadura cívico-militar en Chile.

Ana María Puga y Alejandro de la Barra. Fotogragía: Sitio web Villa Grimaldi.
Ana María Puga y Alejandro de la Barra. Fotogragía: Sitio web Villa Grimaldi.

En efecto, en julio de 2013, el ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago Leopoldo Llanos dictó sentencia en la investigación por los homicidios calificados de Alejandro de la Barra Villarroel y Ana María Puga Rojas, ocurridos el 3 de diciembre de 1974, en la Región Metropolitana.

El magistrado condenó a los siguientes genocidas (de lesa humanidad) e integrantes de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), por su participación como autores, cómplices o encubridores de los referidos delitos:

– Manuel Contreras Sepúlveda: 15 años y un día de presidio por su responsabilidad como autor de ambos homicidios calificados;
– Marcelo Moren Brito: 15 años y un día de presidio por su responsabilidad como autor de ambos homicidios calificados;
– Ricardo Lawrence Mires: 15 años y un día de presidio por su responsabilidad como autor de ambos homicidios calificados;
– Pedro Espinoza Bravo: 15 años y un día de presidio por su responsabilidad como autor de ambos homicidios calificados;
– Eduardo Jaime Astorga: 10 años y un día de presidio por su responsabilidad como cómplice de ambos homicidios calificados, y
– Miguel Krassnoff Martchenko: 5 años y un día de presidio por su responsabilidad como encubridor de ambos homicidios calificados.

De acuerdo a los antecedentes del proceso:

“Agentes de la DINA lograron averiguar que los miembros y dirigentes del Movimiento de Izquierda Revolucionario, Ana María Puga Rojas, actriz y profesora, y Alejandro de la Barra Villarroel, cientista político, tenían un hijo de un año y meses de edad que asistía a un jardín infantil, ubicado en calle Andacollo N° 1620 de la comuna de Providencia; los agentes fueron a constatar su existencia el día 2 de diciembre de 1974, revisando los libros de matrícula; y el día 3 de diciembre del mismo año se organizaron en grupos para esperar que aquellos concurrieran, como lo hacían diariamente, a retirar del jardín al infante; se distribuyeron, aproximadamente a las dieciséis horas, según órdenes e instrucciones del día anterior, por las calles próximas al citado jardín infantil; en Ricardo Lyon con California, un grupo compuesto por los agentes Rinoldo Alismer Rodríguez Hernández, José Silva, Heriberto Acevedo y José Fritz Sparza; y otro, formado por Ricardo Lawrence, Rufino Jaime y José Valdebenito, se situó en Avenida Bilbao, entre Lyon y Pedro de Valdivia; de esta manera cuando los miembros del primer grupo vieron aproximarse el automóvil Peugeot 404, color blanco, que ya conocían, con ambos militantes del MIR en su interior y que no se detuvo frente al Jardín Infantil, lo que avisaron al otro contingente, de modo que fueron interceptados por éste último en el cruce de calle Andacollo con Avenida Francisco Bilbao, disparando contra la pareja, sin que hubiese habido orden de detención ni resistencia de su parte, muriendo ambos a causa de heridas cefálicas y cervicales.

Posteriormente, los cuerpos de Ana María Puga Rojas y Alejandro de la Barra Villarroel, fueron conducidos hasta Villa Grimaldi -centro de exterminio- y después sus restos trasladados hasta el Servicio Médico Legal, organismo que practicadas las autopsias respectivas, los entregó a sus familiares”.

En el aspecto civil, el magistrado determinó que el Fisco debe pagar $50.000.000 (cincuenta millones de pesos chilenos, unos 60 mil dólares) a Rodrigo Hernández Puga, hijo de la mujer
víctima. Asimismo, el Fisco y los condenados deben cancelar solidariamente $50.000.000 (cincuenta millones de pesos) a Álvaro de la Barra Puga, hijo de ambas víctimas.

El maestro de la Barra con otro de los padres fundadores del teatro universitario chileno, Jorge Lillo.
El maestro de la Barra con otro de los padres fundadores del teatro universitario chileno, Jorge Lillo.

Asimismo, cabe recordar que Pedro de la Barra fue un destacado actor, dramaturgo, director y maestro de actuación. En 1941 y bajo la inspiración de Lorca y Margarida Xirgu, organiza un movimiento de artistas por la renovación del teatro chileno que se desembocó -ese mismo año- en la fundación del Teatro Experimental y la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile, ambas iniciativas pioneras y adelantadas a su época en el mundo entero.

Por todo ello ha pasado a la historia como el padre del teatro universitario chileno.

En 1952 recibió el Premio Nacional de Artes y a fines de los cincuenta se traslada a Concepción en donde reformó el Teatro Universitario penquista (TUC), haciendo lo mismo en Arica y luego en Antofagasta, al alero de una, entonces, desconcentrada Universidad de Chile, hoy inexistente.

En 1973 -con motivo del golpe de Estado- se exilio en Venezuela en donde trabajó como docente en el Consejo de Cultura y unos años más tarde y hundido en la nostalgia por el crimen de su amado hijo, murió en su exilio en Caracas (1977). Sus restos, por expresa voluntad de su parte, fueron en 1990 repatriados a Chile.

Ficha técnica

“Venían a buscarme”(2014)
País: Chile
Género: Documental
Autor: Álvaro de la Barra
Director: Álvaro de la Barra
Guionista: Álvaro de la Barra
Productora: Cero Film (Chile) PDLB (Venezuela)

Sinopsis
Venían a buscarme es una búsqueda intimista de la recuperación de la memoria de mis padres, de mi familia y por qué no decirlo, de la memoria del Chile contemporáneo también.

Yo nací clandestino en Chile un mes antes del golpe de estado de Pinochet en 1973. Mis padres militantes del MIR murieron en una emboscada militar en la esquina de mi jardín de infancia, cuando venían a buscarme. Yo seguí clandestino, y pasé al exilio.

Así crecí bajo otra identidad, y con tan sólo dos fotos de mis padres, una de él y una de ella. Esas fotos me han acompañado siempre, donde quiera que fuere, como quiera que me llamara y fuera cual fuera la nacionalidad que apareciera en mi pasaporte.

En 2005 la justicia chilena me reconoció como hijo de mis padres, a partir de ahí tengo sus apellidos en un pasaporte, y quiero saber qué significan realmente estos apellidos que llevo ahora.

Hoy de regreso a un Chile con una democracia consolidada, tengo aún dos identidades distintas. En una de ellas llevo los apellidos de mis padres. En la otra, soy venezolano hijo de mi tío Pablo”.


Fuentes consultadas

– Sitio web de Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi

– Sitio web Archivo digital de las Violaciones a los Derechos Humanos por la Dictadura Militar en Chile (1973-1990)Memoria Viva

– Arlette Ibarra. Pedro de la Barra: Pasión por el Teatro.

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