Fotografía: web site del Tryobandateatro.

«La expulsión de los Jesuitas»: re-visión del pasado y su relación con el presente

Por Claudio Barbas (desde Santiago de Chile). Había una vez hace no mucho tiempo, dentro de la extensa pero a la vez breve historia nacional…

Por Claudio Barbas (desde Santiago de Chile)

“Lo que parece pasado remueve el presente, nos interroga y desmonta los lugares acomodados por las actuales prácticas políticas” (Diéguez, 2007: 12).

Había una vez hace no mucho tiempo, dentro de la extensa pero a la vez breve historia nacional, entre una cordillera y otra en donde se extendió por cerca de tres siglos la Guerra de Arauco, un choque entre dos pueblos de culturas muy distintas, cuyas ondas expansivas siguen rebotando hasta la actualidad.

Porque a este encuentro de mundos opuestos se le ha cambiado la denominación: “pacificación” alguna vez, “conflicto” por estos días, quién sabe qué palabra se usará en el futuro cercano. Pero la pregunta de fondo sigue repitiéndose hasta ahora: ¿pueden dos razas habitar un mismo territorio y exigir pertenencia «de»? ¿Y qué sucede cuando surge un nuevo grupo a partir del cruce mestizo de ambas?

Este entramado cultural del país es tratado escénicamente por la compañía chilena Tryo Teatro Banda en uno de sus últimos trabajos: La expulsión de los jesuitas.

Desde su origen en el año 2000, esta agrupación teatral se ha enfocado en crear espectáculos de autores o temáticas chilenas, itinerar a lugares alejados del circuito artístico, y combinar las artes de la actuación con la literatura y la música en vivo. Ya a partir del año 2005 sumaron un nuevo objetivo, al comenzar a trabajar dramatúrgicamente episodios que han fundado la historia de Chile, realizando una seria y completa investigación acerca de los orígenes de nuestra identidad mestiza para crear espectáculos como Cautiverio Felis (sic), Pedro de Valdivia: la gesta inconclusa, Jimmy Button, KayKay y XengXengVilú, La Araucana, La Tirana, Afrochileno y Parlamento.

Así, luego de más de una década dedicados a relatar episodios históricos de la época de la conquista, la compañía se sumerge en la técnica del bufón para abordar un período posterior a la guerra de Arauco, y contar la historia de una de las más fecundas contribuciones hecha en los tiempos de la Colonia: para evitar el desgaste notorio de la población de españoles y criollos, se reemplaza la estrategia ofensiva cíclica de invadir y saquear territorios, construir fuertes y sobrevivir emboscadas para volver a invadir, por proponer una serie de parlamentos mutuos con los mapuches, coordinados mediante los misioneros jesuitas, quienes se encargaron de impulsar la evangelización de los nativos, poner fin a la servidumbre forzada y establecer el intercambio comercial entre los dos frentes.

De esta forma se abocan a ver cómo esta orden religiosa aportó al desarrollo del naciente país en arte, minería, educación o conocimiento, y de cómo un día, fueron sacados del territorio, puestos en un barco y exiliados en España. Estos acontecimientos históricos, que han sido apartados de la historia oficial del país pues tienen zonas oscuras, y por ende relegados para evitar incomodidades, es lo que motivan a Tryo Teatro Banda para montar este espectáculo teatral musical.

En La expulsión de los jesuitas los personajes que aparecen son más bien arquetipos (tomando el término de la comedia del arte), ya que representan a un Jesuita, un Español, un Mapuche, un Criollo y una Mujer, para narrar la intervención directa que los religiosos hicieron en la sociedad chilena, saliendo en defensa del pueblo mapuche, víctima de la sed esclavista de las autoridades coloniales, logrando que el mismísimo Rey de España reconociera la autonomía indígena, y levantando la educación y la industria del país en beneficio directo de los criollos, a su vez víctimas del desprecio de los españoles. Todo esto intercalado con escenas misteriosas en la corte de España, donde el Rey, la Reina, el Primer Ministro, entre otros, confabulan para expulsar a los jesuitas de Chile y América, bajo todo tipo de acusaciones, pero principalmente interesados en resolver la constante bancarrota de la corte rematando los innumerables bienes jesuitas que ya poseían en el nuevo mundo, tales como parroquias, iglesias y propiedades de mayor tamaño en áreas rurales.

El estilo de la compañía es reconocido por su entrega amena, didáctica, contagiosa pero a la vez manteniendo cierto punto de solemnidad histórica. Ahora, en esta obra hay una energía más agitante y directamente barroca. En obras como “La Tirana” y “Afrochileno” ya habían aparecido algunos mensajes implícitos anacrónicos graciosos (la batalla pelotera en “Afrochileno” es de una gran hilaridad), pero aquí son exacerbados al cuadrado al poner, por ejemplo, una ceremonia litúrgica que desemboca en un recital de rock, con una estatua autómata de una santa adquiriendo una voz que hace recordar a JanisJoplin, o el entorno de los reyes que mezclan lo pastoral con lo satírico al otorgarles rasgos de animales a todos sus integrantes.

Quizás esta hibridad pueda parecer desafortunada para los más puristas e incomodarlos pues como ya lo dice Diéguez “Las hibridaciones artísticas producen otras estructuraciones que dislocan las concepciones tradicionales y resultan incómodas además por estimular confrontaciones con la noción de teatralidad consensuada en determinados contextos”. (Diéguez, 2007: 52). Pero dentro del contexto que se realizan estos guiños, el lenguaje y estilo teatral que utilizan, los temas que tocan, y la relación que hacen con la realidad actual, a mi modo de ver me parecen que están bien encajados y justificados en la obra.

Por otro lado, uno de los sellos característicos de la poíesis de Tryo Teatro Banda es su capacidad para tocar variados instrumentos en escena, y en La expulsión de los jesuitas el grupo se hace cargo de más de veinte de ellos, incluyendo guitarra, tiple, cavaquiño, charango, viola, viola da gamba, guitarra eléctrica, bajo eléctrico, arpa, flauta dulce bajo, flauta dulce contralto, flauta dulce soprano, clarinete, trombón, trombón alto, corno francés, trompeta, acordeón, lira y percusión, generando nuevos elementos sonoros que respaldan el histrionismo de sus ejecutores, ya que la música en su propuesta es un apoyo de acción imprescindible, al estar fusionada con la interpretación actoral, tomando los instrumentos el rol de algunos objetos y en otras oportunidades hasta de personajes.

Usualmente la música de las obras anteriores estaba más ceñida a ciertos parámetros históricos y/o geográficos, pero en esta ocasión hay una soltura de estilos, usando un rango estilístico muy abierto y amplio: desde melodías de requiems a estruendosos sonidosrockeros; injertando idiomas en ritmos habitualmente ajenos como una cumbia o un coro religioso en mapudungun, o pasando sin ninguna vergüenza de sonoridades europeas muy doctas a músicas chilotas danzantes.

Esta mezcla aleatoria, quizás híbrida para algunos como señale anteriormente, para otros resulta tan estimulante al oído que dan ganas de tener el disco con la música de la obra. Y cabe aquí resaltar una escena donde la musicalidad cobra sentido dentro de la teatralidad, ya que se escenifica una fiesta popular en Caguach (Chiloé), donde aún se mantienen tradiciones musicales barrocas jesuitas.Esto me parece muy interesante, al tomar una festividad local de un grupo social determinado y que se realiza en un entorno específico, y traspasarla a un acto artístico, inmersa dentro de una representación cobrando un sentido muy potente desde el punto de vista de su significado.

Desde una perspectiva técnica de la puesta en escena, la planta de movimiento y el equilibrio del espacio son muy bien cuidados, lo cual da cuenta de un trabajo casi pictórico en cada cuadro.Esto provoca imágenes muy eficaces. Solo por mencionar dos recursos como ejemplo: la notable utilización de los velos y la creación de una cárcel gracias a las cuerdas del arpa, muestran como con pocos elementos pueden transportar al espectador a espacios inimaginables utilizando su imaginación.

Importante destacar es que esta compañía en todos sus trabajos, y producto de su estilo y lenguaje teatral utilizado, se dirigen directamente al público presente buscando el contacto ojo a ojo para entregar el relato y el mensaje explícitos en ellos, y con esto lo hacen partícipe de las acciones y piden constantemente la colaboración. En La expulsión de los jesuitas lo podemos ver claramente en la escena de la misa en que se da la paz, los actores descienden del escenario, dan la mano y la paz a los espectadores de casi toda la sala, y luego los hacen partícipe de la oración en la parte de los pedidos a Dios. Con esto los espectadores se sienten dentro de la representación, siendo parte activos de ella y no simples observadores de lo que se representa.

A diferencia de sus antiguos montajes, donde se basaban en la juglaría para contar sus historias, este espectáculo lo realizan en clave bufonesca, y para ello convocaron a Andrés del Bosque, actor, director, dramaturgo de larga trayectoria, radicado en España, ligado al teatro clown y que también investiga el estilo teatral del bufón.

Al respecto del Bosque dice de este estilo: «El mundo de la juglaresca está directamente relacionada con el bufón. Si miras atrás, la risa está instalada en los rituales; los bufones sagrados y los payasos rituales están en casi todas las culturas» (Del Bosque, 2011). Nos conecta con el misterio más profundo de las cosas, en este caso, con el misterio aún no resuelto de la expulsión de los jesuitas.

Fotografía: web site del Tryobandateatro.
Fotografía: web site de Tryobandateatro.

Por esta razón se hace muy entendible la elección de este estilo para la representación de esta historia, con el objeto de poder expresar abiertamente y sin tapujos ni temores todo lo que se piensa, se cree, se especula acerca del pasado, pero con alta dosis de humor y guiños que conectan la codicia de aquella época colonial con la actual avaricia de los políticos y empresarios de nuestros tiempos, de nuestra sociedad, de los abusos que vemos día a día, de las desigualdades, de la injusticia social, de la corrupción política que no nació ahora como muchos pueden pensar, sino que viene desde los albores de nuestra nación con la llegada de los conquistadores.

Por eso creo -abiertamente- que tanto ésta como las más antiguas obras de Tryo Teatro Banda no constituyen un acto artístico, sino también un acto político que nos lleva a pensar, reflexionar, dar respuestas para entender nuestros orígenes y, por ende, nuestra idiosincrasia: la forma como nos comportamos, como reaccionamos frente a nuestros hermanos nacionales y latinoamericanos, y cómo producto de toda nuestra historia, con altos y bajos, el sistema de gobernabilidad actual está en crisis al no ser representativo de gran parte de la población chilena.

“Política, historia y representación aparecen como tres dimensiones entrelazadas. La democracia, como sistema político, tiene que ver por tanto con una mecánica de representaciones que también amenaza con haber hecho quiebra. Instituciones que no representan a sus ciudadanos e individuos que no se sienten representados.” (Cornago, 2011: 272).

Así, logran un espectáculo que siendo entretenido es también profundo, con quiebres en el tiempo muy bien logrados, con cuadros plásticos intensos que dan cuenta de un devenir complejo, haciendo que la narración avance siempre alocada, vertiginosa pero sarcásticamente llevando a la reflexión producto del momento, instancias en que el texto hace referencias a la realidad actual, dejando de manifiesto que, dado el contexto, la realidad no ha cambiado mucho.

“La historia no ha dejado de demostrar que no se escribe como una acto imposible de recuperación(…) sino como unaforma de hacer viable un presente, de dar cuenta de un pasado que dé un sentido al momento actual, al aquí y ahora desde el que se está escribiendo”(Cornago, 2011: 269).

Constatamos que la expulsión de los jesuitas es el triunfo de un sistema perverso que desde aquellos tiempos han manipulado el criterio de nuestros gobernantes. Españoles que buscan gobernar por sobre los chilenos adueñándose de nuestras riquezas, mestizos que se sienten superiores a los indios y aborígenes que buscan mantener la propiedad de sus tierras, lo vemos claramente en los tiempos actuales, pareciera ser que nada ha cambiado, situaciones que se han venido repitiendo desde nuestro origen y que lamentablemente como sociedad no hemos sido capaces de llegar a un acuerdo para ponerle fin a esta desigualdad social, sino muy por el contrario, se ha agudizado mucho más.

Ellos toman estos acontecimientos históricos para indagar en nuestra identidad, en nuestra forma de ser, concientizar de dónde venimos, qué y quiénes somos. “…hablar de identidad es hablar de construcciones simbólicas que involucran representaciones y clasificaciones referidas a las relaciones sociales y las prácticas, donde se juega la pertenencia y la posición relativa de personas y grupos en su mundo (Arreche, 2012: 121).

La obra habla de Chile, del colonialismo español, de sus conflictos y abusos, pero también de nuestro Chile, del actual, de esa desvinculación de lo indígena al patio trasero con un deseo enorme de los criollos por ser aquello que no somos y negar nuestros orígenes, de nuestra soberbia, altanería, desprecio al mirar por encima del hombro al otro, o de algo tan simple y ya cotidiano en nuestro día a día de no saludar ni siquiera al vecino.

Y cuánto de la viveza indígena no está en la insolente resistencia que todavía pertinazmente resiste. Me parecen todas preguntas que puestas sin interrogaciones devienen en afirmaciones de nuestro modo de vivir, nuestro país de la estrella solitaria (los mal autodenominados ingleses y/o jaguares de Latinoamérica). No deja de ser impresionante, y cabe destacarlo que se hacen cargo de nuestra condición de país bilingüe (y porque no multilingüe), cosa que no es evidente. Entonces cómo permanecer en silencio, y no reírse de nosotros mismos. Pero esta risa es sarcástica, de crítica satírica, para proponer una sociedad más justa, igualitaria y respetuosa.“…toda historia es, en primer lugar, la historia de un presente, aun siendo la historia de un pasado remoto lleva inscritos los trazos del presente desde el que se construye…”(Cornago, 2011: 269).

Novarina dice que de lo que no se habla es necesario hablar en el teatro, y esta obra habla de historia en un país que transita su pasado de olvido en olvido y de dislexia en dislexia. ¿Cómo mostrar esta torpeza nacional? La elección de un género literario, es en sí mismo una opción artística, siempre discutible, pero a mi juicio defendible en este caso, para poder hablar de aquello que se oculta.

Esta obra tira una serie de cortes a la realidad política, económica, a la clase aristocrática de hoy, hay que ser harto obtuso para no verlo. Además, me hizo pensar cómo en la iglesia de hoy funciona la represión de los grupos progresistas, cómo hoy los que luchan porque los últimos sean considerados, sigue siendo una realidad.

Esta obra es interesantísima por el momento en que ocurrieron los hechos y por el momento actual de la Iglesia, muy cuestionada por actos antimorales, corruptivos y antiéticos por mencionarlo de una forma suave.

Otro punto importante de resaltar de esta compañía es que ellos al adentrarse en nuestras raíces van, en sus primeras presentaciones, a lo sitios mismos donde se produjeron los hechos que relatan y hacen sentir, a quienes viven allí ahora, el orgullo por su pasado, sobre todo en las comunidades mapuches de la Araucanía. Realizan un acto convivial con la comunidad misma como un reconocimiento, y a la vez agradecimiento por seguir creyendo en sus posturas e ideales frente a la sociedad que los reprime una y otra vez.

Esta es otra decisión política del grupo de no solo presentarse en los grandes teatros de Chile y el extranjero, sino también ir hacia el pueblo para conocer sus raíces, orígenes, formas de vida y pensamiento que motivan sus espectáculos, y retribuirles todo esto, para desde ahí salir al mundo y difundir esta cultura de antaño, sin dejar de aportar con una mirada crítica y actual sobre el problema mapuche y la represión del más fuerte.

Luego de quince años de existencia de Tryo Teatro Banda, los objetivos iniciales han sido cabalmente cumplidos, siendo incluso uno de los más representativos embajadores teatrales de Chile por sus innumerables participaciones en festivales internacionales en el exterior. Pero también han contribuido a hacer presente la memoria histórica, sobre todo en las nuevas generaciones, producto de la gran cantidad de funciones a escolares que hacen años tras año, que por su efectividad en el lenguaje usado hacen que se comprenda de una manera lúdica, entretenida, festiva y logrando el efecto educador.

Ver sus obras es casi como estar en una clase magistral de historia.

Entendiendo nuestra historia podemos respondernos bien todas las preguntas que nos hacemos sobre nuestra identidad y existencia en este Chile, y sacar las conclusiones pertinentes para comprender el conflicto que aún se mantiene entre el estado y particulares y el pueblo mapuche, o el desarrollo de la educación desde aquel tiempo para llegar ahora al estado actual de crisis absoluta entre todos los estamentos involucrados (profesores, estudiantes, gobierno), donde podemos actualmente concluir que la expulsión injustificada de sacerdotes que ayudaron al desarrollo cultural, moral y económico fue un retroceso para nuestra sociedad.

“Lo más significativo de la mirada histórica no va a ser la dirección de esa mirada hacia el pasado, sino el lugar desde el que se mira, el escenario que se construye al mirar, mirarse uno mismo, mirar al público, mirar e interrogarse sobre ese aquí y ese ahora de la propia mirada, del mismo acto de la comunicación (escénica). Ahí se crea una dramaturgia que permite revisar el pasado como forma de presente, o al menos como interrogante sobre ese presente atravesado de historias”(Cornago, 2011: 27).

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

– Arreche, Araceli. “El teatro y lo político. Teatro x la identidad (2001-2011): Emergencia y productividad de un debate identitario”. Revista Gestos 53 (Abril 2012).
– Barbas, Claudio. Apuntes personales del “Taller de Bufonería”, realizado por Andrés del Bosque dentro del marco del 9° Anjos do Picadeiro. Rio de Janeiro. Brasil. 2011.
– Del Bosque, Andrés. Apuntes personales del “Taller de Bufonería”, impartido por Andrés del Bosque dentro del marco del 9° Anjos do Picadeiro. Rio de Janeiro. Brasil. 2011
– Cornago, Oscar. “Dramaturgias para después de la historia”. En Bellisco, Manuel, María José Cifuentes y Amparo Écija ed. Repensar la dramaturgia. Errancia y transformación. Murcia: Centro Párraga y Cendeac, 2011.
-Dieguez, Ileana. Escenarios liminales. Buenos Aires: Atuel, 2007.
– Dubatti, Jorge. “Teatro, producción de sentido político y subjetividad (1990-2011)”. Revista Gestos 53 (Abril 2012).
– Novarina, Valere. «Ante la palabra». Valencia: Pre-Textos, 2001.

*Claudio Barbas B. es Licenciado en Actuación y Actor Profesional de la Pontificia Universidad Católica de Chile (UC). Director, productor y actor de Teatro Pequeño Clan.

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