Núria Espert: el discurso que emocionó a toda España

Como solo gente como ella, Núria Espert (Hospitalet de Llobregat, Barcelona, 1935) sabe hacer: actuando.

(Desde Asturias, España) Como solo gente como ella saber hacer: actuando como una princesa -¡nunca mejor dicho!-, Núria Espert (Hospitalet de Llobregat, Barcelona, 1935), la gran diva del teatro catalán agradeció, hace cuatro días, el Premio Princesa de Asturias de las Artes.

En efecto, y lo hizo paralizando un abarrotado Teatro Campoamor de Oviedo y, de paso, emocionando a toda España con el monólogo final de Doña Rosita la soltera de Lorca, escrita en 1935 escrita en 1935 coincidiendo con la publicación del trágico Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, que narra la historia de una mujer amada, postergada y olvidada que ha de resignarse al amor que reside en la mera esperanza; también, lo hizo a través de un maravilloso y sugestivo pasaje de King Lear de Shakespeare -recitado en catalán- con el cual apeló al desprecio del poder por los más necesitados y desamparados.

«Me he comprometido, me he acostumbrado a vivir muchos años fuera de mí. Pensando en cosas que estaban muy lejos. Y ahora que estas cosas ya no existen, sigo dando vueltas y más vueltas por un sitio frío, buscando una salida que no he de encontrar nunca». Así arrancó con los tan emotivos cuatro minutos y 17 segundos de su aparición sobre el escenario del señorial teatro asturiano.

Finalmente, junto con agradecer el premio compartiéndolo con todos sus colegas del oficio, señaló que «el teatro la eligió a ella siendo una niña de 13 años y que logró que ella no pudiera ser nada fuera de un escenario».

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