Juan Radrigán y Egon Wolff: Chile se queda sin sus dos más grandes dramaturgos

(Santiago de Chile). En menos de un mes Chile ha perdido a dos de sus más grandes dramaturgos de toda su historia que se remite en la práctica al siglo XX: Juan Radrigán y Egon Wolff. Radrigán…

(Santiago de Chile). En menos de un mes Chile ha perdido a dos de sus más grandes dramaturgos de toda su historia, que se remite en la práctica al siglo XX: Juan Radrigán y Egon Wolff. Asimismo, cabe destacar que a mediados de septiembre partió otro de los más destacados dramaturgos del país andino, Luis (“Paco”) Rivano.

Radrigán (fallecido el 16 de octubre pasado), prolifero escritor (con más de 50 obras) devenido más tarde en beckettiano -por “absurdo” y surrealista-, fue el azote de la tiranía fascista (un régimen de facto que implemente una maquinaria de terror un un genocido que costó más de 3000 víctimas y sobre 30 mil torturados) en tiempos de fuerte envestida propagandística y desinformativa; retratando, como nadie y como solo él supo hacer, los bajos fondos y la miseria de una clasista y oprobiosa sociedad chilena. Lo que no es poco decir, dado el contexto antes descripto y considerando que el medio teatral no escapa al clasismo y al conservadurismo.

Autodidacta -de lo cual se avergonzaba-, obrero textil, líder sindical (durante el gobierno de Salvador Allende) y vendedor de libros; pese a lo cual logró imponerse en un dificilísimo medio con una voz dramática subalterna y marginal nunca antes oída en la teatralidad chilena.

Wolff (fallecido ayer a los 90 años), en cambio, nació en Santiago en abril de 1926, de una familia acomodada y conservadora, era hijo de padre prusiano y madre de ascendencia alemana-sueca. Su precocidad lo llevó a escribir a los 16 años su primera novela, El ocaso y a su padre, en un intento de alejarlo de la letras, incluso, a matricularlo en la Escuela Militar (un feudo clasista como el que más) cuando solo tenía 14 años.

Más tarde, estudió ingeniería química en la Universidad Católica –otro reducto conservador-, profesión que abandonó definitivamente, tras su titulación, para volcarse de lleno a su más honda pasión: el teatro.

Pasó a la historia de aquel lejano y particular país retratando, como nadie, los procesos emancipatorios y revolucionarios de los convulsos años sesenta. De ello da cuenta su obra Los invasores que llevó a escena un 19 de octubre de 1963 en la Sala Antonio Varas del hoy Teatro Nacional Chileno bajo la incomparable dirección de un –entonces- joven veinteañero y prometedor realizador escénico, Víctor Jara. Así daría cuenta este exitazo y polémico montaje años más tarde:

“La obra fue escrita bajo el influjo de una revolución que se venía e iba a imponer las bases de lo que hizo Castro en Cuba, que reconstruyó la sociedad con nuevos parámetros. La burguesía chilena estaba aterrada, y en ese contexto escribí Los invasores”, recordó en el 2012 con motivo del re montaje de su obra. Y, reiteró en la ocasión, que “la obra es válida mientras se mantenga la injusticia en la sociedad”.

14915209_943144275830237_737830626599045806_n

La pieza teatral en cuestión -la última montada entre Wolff y el grupo de la casa de Bello- se tradujo en un gran remezón en el ambiente político social, instalando un fuerte debate respecto de la lucha de clases, al centrarse en el terror de la clase dominante a compartir sus riquezas con los más necesitados.

Cabe señalar que, años más tarde éste fue uno de los argumentos predilectos empleados por la contrarrevolución derechista tendiente a desprestigiar y enmarcar en los conceptos del caos y la violencia el gobierno de Salvador Allende y la Unidad Popular.

La historia trata, efectivamenote, del enfrentamiento representado por el empresario Lucas Meyer, su esposa Pietá, sus jóvenes hijos Bobby y Marcela por una parte y, por otra, por parte de un grupo de menesterosos que irrupen en su elegante vivienda.

Wolff, finalmente, sería reconocido con el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales (chileno) en el 2013, un par años después que los recibiera su colega Radrigán, quien fue distinguido, al igual tardíamente, con idéntico galardón en el año 2011.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *