TÍTULO SECCIÓN CRUZANDO A NADO UN OCÉANO: Artes Vivas entre España y México

Por Anna Albaladejo desde Valencia, España. “Hay mucha Frida por el mundo” dice Rocío cuando les pregunto por qué elegir un personaje…

Por Anna Albaladejo desde Valencia, España.

EL MUNDO ESTÁ LLENO DE ÁRBOLES DE ESPERANZA

“Hay mucha Frida por el mundo” dice Rocío cuando les pregunto por qué elegir un personaje como Frida Kahlo para el primer montaje de Teatro Katrina, compañía valenciana de reciente creación, íntegramente formada por mujeres: Irene González, Rocío Ladrón de Guevara y Gracia Sánchez.

Por qué Frida sigue atrayendo la mirada de las mujeres creadoras más allá del Coyoacán de principios del XX, lejos de ese México de los años 30, esa América que aún resiste sin que Europa la mire. Qué tendría Frida para sobrevivir los embistes del supermercado cultural que la globaliza en camisetas, bolsos y chapitas. Cómo le hizo esta medio güera del bigotito coleto para quedar impresa en los billetes de 500 pesos sin perder esa fuerza que resquebraja el México machista, clasista y racista, el Mundo machista, clasista y racista. ¿Qué sigue provocando Frida?

Amor, rebeldía, empatía, sufrimiento, desdoblamiento en otras mujeres, poesía, resistencia, cuerpo ¿entero?, ¿intacto?, inocencia, mordacidad, colores, recuerdos… “ángulos multiplicados que trascienden la personalidad única de Magdalena Carmen Frida, para ser cualquiera de nosotras. Una mujer que trata de reconciliarse con su pasado”. Esta es la Frida con la que se reinventan las mujeres de Teatro Katrina, que hacen de esta búsqueda una creación colectiva que combina teatro físico con palabra poética, en una apuesta artística por los universos femeninos. Resultando así una propuesta valiente, guiada con complicidad por José Zamit en la dirección escénica, en la que asoma aquel casi-surrealismo pictórico- ella siempre se resistió a la etiqueta- con el que Frida transformaba su cuerpo de sueño y pesadilla en los cuadros.

Porque al fin son los cuadros lo que nos queda de ella, lienzos- túneles del tiempo que nos llevan al lugar onírico donde la pintora ponía el mundo patas arriba. Cuadros como el que da nombre a la pieza: El árbol de la esperanza, cuyo texto fue escrito por Laila Ripoll y montado ya en 2008 por su compañía Mikomikón. Cuadro que también ha motivado otras dramaturgias en México, como aquel Árbol de la Esperanza con la que el durangués Enrique Mijares, ganara el premio Emilio Carballido en 1995.

Un cuadro que recoge el desdoblamiento del cuerpo de la pintora, tras ser intervenida quirúrgicamente en Nueva York, en dos espacios y dos representaciones de sí misma. Un primer espacio, quemado por el sol hiriente, donde aparece el cuerpo de Frida encogido sobre sus cicatrices, desnudo y metálico, que en la propuesta de Teatro Katrina se va a concretar en una multiplicación de botellas de vidrio. El alcohol como una nueva agresión con la que la Frida angulosa y endurecida por la vida que encarna Irene González, se enfrenta al dolor físico. Frente a un segundo espacio donde vemos una Frida erguida, serena, vestida de fiesta bajo la luna, que en el montaje se ha transformado en macetas de colores, donde crecen los árboles de la esperanza que acaricia la Frida ingenua y circular que presenta Rocío Ladrón de Guevara.

Dos figuras que en el texto de Laila Ripoll se condensaban en un único monólogo múltiple, pero que en el montaje de Zamit van a desdoblarse en un tercer espacio metafórico, invisible pero presente en el cuadro, en el que Gracia Sánchez va a integrar a todas las fridas. Esas fridas-mujeres multiplicadas en una danza que imposibilita el corsé, real y metafórico, que recorre los cuadros de la pintora. Tres espacios que son transitados por los cuerpos de las actrices, que se condensan finalmente en una única carne, tres cuerpos enlazados que danzan atravesados del dolor y de la esperanza de todas las fridas. Esas fridas- mujeres que resisten trayendo el color de los cuadros a la vida.

Una opción comprometida y significante la de estas tres actrices-creadoras de Teatro Katrina, que se presentan como un colectivo que apuesta por el imaginario femenino en la creación, la producción y la autogestión de sus trabajos. Un teatro impulsado por mujeres, vinculado a las mujeres pero para compartir con todas las personas. Que así sea y que Teatro Katrina, como lo hizo Frida Kahlo, siga encontrando sus espacios de rebelión en este Mundo machista, clasista y racista.

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*Anna Albaladejo es Doctora en Teatro y Literatura Española y Latinoamericana, creadora e investigadora de Artes Vivas y Escenas del Mundo.

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