Andrés del Bosque volvió a la RESAD

Por Daniel Sanz (Madrid, España). El pasado 24 de Febrero, 2º Dirección Escénica y 3º Dramaturgia recibimos a Andrés del Bosque, de la mano Ana Fdez Valbuena, en un encuentro

Por Daniel Sanz (Madrid, España)

El pasado 24 de Febrero, 2º Dirección Escénica y 3º Dramaturgia recibimos a Andrés del Bosque, de la mano Ana Fdez Valbuena, en un encuentro que puedo nombrar “En busca de la risa perdida». En un discurso acrobático, Andrés reivindicó la valiosa figura del clown, el bufón sagrado, el payaso, el trabajador de la risa, con el que, sin duda, tenemos una gran deuda pendiente ¿De qué nos reímos? ¿De lo importante? ¿De lo que es útil para nuestras vidas? ¿De aquello que nos hace mutar pensamientos? ¿O más bien todo lo contrario? Hoy parece que entendamos, como si de una ley no escrita se tratara, y nos orbitara alrededor, que hay cosas de las que podemos reírnos y cosas de las que no. Y en ese caso, ¿nos atrevemos a reírnos de algo nuevo? ¿Quién da el paso?

Si un clown cumple una función comprometida, por y para la sociedad, como una especie de imagen viva y catalizadora de la risa, como una voz común que refleja nuestros patetismos, entonces lo reducimos a la triste percepción aborrecible del payaso haciendo payadas. Tal vez, por eso Andrés nos brindó un titular: “¡El mundo occidental vive una crisis de la risa!”. Vaya, suenan alarmas, debemos hacer algo.

El clown es la herramienta cualificada para no temer, es desmesurado; alguien que no tomará ninguna posición frente al mundo, lo que puede llegar a incomodar hasta extremos insospechados, si decide vestir de color satírico su recurrente traje de humor blanco; es alguien de quien aprender, por su sentido de discurso directo; es alguien a quien admirar; carismático, por su tremenda honestidad; es un contenedor, un espejo en el que nos introducimos; alguien de quien extraemos conocimiento profundo, que deja poso, sobre lo ridículo de la acciones, del patetismo de las cosas; alguien conectado con nuestra antropología de una forma ritual. Es tradición en movimiento y espectáculo efímero. El clown somos todos y cada uno. Y todos tenemos una gran deuda con el clown.

En el encuentro con Andrés hubo pinceladas de muchos temas relacionados con el clown —que da para mucho—. Pero si algo rescato, es el mensaje que, entre líneas, nuestro ya amigo doctor, chileno, resadiano, casi arquitecto, director de escena, gran apasionado del tema, Andrés del Bosque nos dejó la necesaria revitalización del clown. En nuestra mano está darle la dignidad que se merece a alguien que nos conoce muy bien.

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