Crédito: Marcelo Dischinger/Divulgação. Ator e diretor Eugenio Barba na peça A Arte Secreta.

Eugenio Barba celebrará sus 80 años con un nuevo Doctorado Honoris Causa

En efecto, en el marco de sus 80 cumpleaños, este 12 de mayo, Eugenio recibió el Doctorado Honoris Causa de la Academia de Música y Artes Performativas, Brno, Chequia,

«Si el teatro es una isla flotante, los compañeros que elegí, formé y que me han formado, determinaron la duración y el modo de flotar. En el fondo se trata de vínculos afectivos. ¿Puede esta suerte de amor ser un método que se enseña?»

En efecto, en el marco de sus 80 cumpleaños, este 12 de mayo, Barba recibió el Doctorado Honoris Causa de la Academia de Música y Artes Performativas de Brno, Chequia; importante galardón que se une a otros once recibidos con anterioridad, a saber, en Aarhus, Ayacucho, Bolonia, Habana, Varsovia, Plymouth, Hong Kong, Buenos Aires, Tallin, Cluj-Napoca, Edimburgo y Shanghai.

En la ocasión, en su discurso acepactón titulado «El instinto del Laboratorio», el gran maestro de la antropología teatral destacó, en el comienzo de su interesantísima intervención que, «he solo rehecho a mi manera lo que he aprendido. No olvidé a algunos oficiales del colegio militar de Nápoles donde estudié y sus diferentes formas de tratar a los jóvenes cadetes indisciplinados y fanfarrones; un soldador noruego, Eigil Winnje, me enseñó en su taller de Oslo cómo la fuerza del ejemplo y el orgullo del trabajo bien ejecutado unen a un grupo de artesanos; Jerzy Grotowski, en Opole, Polonia, me reveló que el teatro no es solo un espectáculo bien hecho».

En otro de los pasajes de esta potente oratoria teatral recuerda sus lejanos inicios en Noruega, siendo un pobre migrante italiano autodidacta que soñaba con ser director teatral:

«Esto es lo que sucedió en 1964 cuando cuatro jóvenes noruegos rechazados de la escuela de teatro de Oslo se unieron a un inmigrante italiano que quería ser director. No fundamos el Odin Teatret para oponernos a la tradición existente y a su enseñanza formal, sino porque no logramos ser admitidos. No teníamos ideas originales ni ambiciones de experimentación. No éramos por cierto revolucionarios. Solo queríamos hacer teatro a cualquier costo, pagando incluso de nuestro bolsillo. El teatro era nuestra balsa. De espaldas contra el muro, teníamos la temeridad – o la impertinencia – de querer adivinar nuestro camino. Lo llamamos “laboratorio”. La temeridad de un momento se volvió la temeridad de siempre. Diría que se transformó en instinto. ¿Se puede transmitir el instinto de la temeridad?».

Podéis leer -en castellano- el discurso completo en el siguiente link

Y os dejamos, además, una de las últimas masterclass del maestro a su paso por Montevideo, Uruguay:

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