De-clownolización naso podal

Por Andrés del Bosque (Desde Madrid, España). La de-clownolización no opone clowns ingleses, europeos o norteamericanos a payasas latinoamericanas, divertidores africanos o cómicos rituales del llamado tercer mundo.

Por Andrés del Bosque (Desde Madrid, España)

De la nariz roja y el zapato grande

La de-clownolización no opone clowns ingleses, europeos o norteamericanos a payasas latinoamericanas, divertidores africanos o cómicos rituales del llamado tercer mundo. Esta idea no encierra una oposición como algún payaso malintencionado quisiera hacernos creer para dividirnos. ¡Dividir para aburrir! Plan siniestro de los agelastas.

Declownolización busca en el conocimiento cómico, puentes que unen a través de la risa, culturas diversas con un origen eufórico del mundo que es común. Por ello no se conforma con la explicación que nos dice que los clowns surgen alrededor del circo del Sargento Peter Ashley o principalmente en torno a Joey Grimaldi uno de los últimos arlequinos de la comedia del arte.

Hoy sabemos que los payasos sagrados están en los orígenes de la humanidad y son conocidos desde siempre en su función cómica y ritual como pascola, curcuches, koshemshy, nasrudin, collon, anansi, lokti, currumachos, filandorra, vinajera, nazarenos de la burla, mateus, hotxua , las payasas de Rotuma y una larga lista que amplía los límites del humor.

Esta profusión nos previene de la cruzada clownesca que se centra en la nariz roja, los zapatos grandes, la pretendida vulnerabilidad, el dogma de la infantilización y un laicismo burocrático, que enfatiza la soledad del clown e interrumpe todo vínculo con los bufones y sus misterios.

Nariz roja y zapatones es algo que ni siquiera se cumple en la tradición del circo Medrano e Hiver que es de donde proviene. Revisando los clowns de Ariadne Mnouchnike y de Fellini, que continúan esta herencia, se puede ver que prescinden frecuentemente de esa fórmula naso-podal.

La vulnerabilidad del clown queda respondida por el concepto de vulvarilidad que amerita una explicación extensa que no cabe aquí. Sobre la infantilización, pues, ni los niños nos necesitan, ni a los que hacemos este oficio nos vendría mal, dejarnos de niñerías para reunirnos, como cófrades que somos, a desentrañar los misterios cómicos que nos legaron nuestros ancestros los bufones rituales y los payasos sagrados.

Es decir, reunirnos para contarnos nuestros mitos. ¿De dónde venimos?. El sistema mítico y sus representaciones permite establecer relaciones entre naturaleza y sociedad, establece equivalencias entre planos tan diversos como el geográfico, meteorológico, zoológico, botánico, técnico, económico, social, ritual, religioso y filosófico. En un sentido pragmático, pues, el mito no ha sido superado por la ciencia, la cual, ha renunciado a tal tarea unificadora del conocimiento. El pensamiento mítico, sostiene Lévi-Strauss (1986), es totalizador.

​¿De dónde es que venimos? Según Salomon Reinach en Cultures, mythes et religions “una vez que Dios hubo reído, nacieron los siete dioses que gobiernan el mundo (…). En soltando la carcajada, apareció La Luz (…) Estalló en risa por segunda vez: todo era agua. A la tercera carcajada apareció Hermes; a la cuarta, la generación; a la quinta, el destino; a la sexta, el tiempo(…) Luego, antes de la séptima carcajada, Dios aspiró gran cantidad de aire, pero en verdad se rió tanto que lloraba de risa, y de sus lágrimas nació el alma” (Reinach, 1996: 147).

​No es desde luego una explicación científica del origen. La ciencia no se ha propuesto como objetivo constituir al hombre, sino más bien, afirma Lévi-Strauss, disolverlo. En vez de totalizar, la ciencia busca reducir los fenómenos que pretende explicar (Lévi-Strauss, 1986).

​Al reducir los misterios de lo cómico en nuestra práctica, hemos perdido curiosidad y asombro; y es la sorpresa la que nos instiga a investigar y conocer. El pensamiento mágico y totalizador, vuelve al ser humano, una parte más del cosmos. Pero la ciencia ha fragmentado en mil pedazos la unidad alcanzada por el mito. En su intento de explicación más precisa tuvo que dejar los posibles lazos unificadores entre las diversas disciplinas. Ha convertido al mundo en un escenario en donde todo lo que pasa es predecible y lógicamente explicable.

Albert Einstein dirá que “la mente intuitiva es un don sagrado y la mente racional un servidor fiel. Hemos creado una sociedad que honra al sirviente y que olvida el don” (Chambón, 2012: 15), una sociedad adulta con poca capacidad de asombro y que ha olvidado todo lo maravilloso de su niñez. Y esta forma racional de conocer ha sido capaz de liquidar otras formas de aprehender, crear y transmitir conocimientos comunitarios ancestrales.

El laicismo burocrático trata de hacer del método científico el único validador dominante que garantiza objetividad y que nos protege de la subjetividad de lo irracional. Esto ha sido llamado epistemicidio por aquellos que plantean la decolonización del conocimiento

La clownolización naso podal, planteada como risa dominante, precisa de una fuerza contraria que la equilibre. Y este movimiento es la declownolización de nuestro arte.

​Seamos patudos y echémosle narices a nuestra risueña tarea que es colectiva, transoceánica y enorme. Toda academia, todo festival , todo asunto de la polis, todo clasicismo, todo posmodernismo y todo poder necesita sagradamente del bufón, de las payasas, de sus payasadas y del clown.

Referencias bibliográficas

Chambón, Oliver, Psycotherapie et chamanisme. Paris: Editions Véga, 2012.

Lévi-Strauss, Claude, Mito y Siginificado, Alianza editorial, Buenos Aires, 1986.

Reinach, Salomón, Cultures, mythes et religions, Ediciones Bouquins, París, 1996.

*Andrés del Bosque es doctor en Arte Dramático, actor, director, dramaturgo, investigador y maestro.

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