Una de las escenas de las performance con Alex Rivera y Erika

Reminiscencia de un “acontecimiento” (in-comprendido). A 20 años del “escándalo” inaugural del FNTT5

Fue muy fácil, en realidad, haberse visto involucrado, de algún modo, en el polémico acto inaugural de FNTT 5 de aquel lejano y caluroso verano santiaguino de 1998, “La Vida como Imitación del Teatro” con Alex Rivera, el ‘enfant terrible’ del teatro chileno (que de haber nacido en EE.UU. sería una

Por Fco. Javier Alvear (Desde Catalunya).
Escola ERAM – Universitat de Girona

“El sexo es aburrido”
Michel Foucault (Foucault, 1978)

“El sexo es una trampa de la naturaleza para no extinguirse.”
Friedrich Nietzsche.

“El sexo forma parte de la naturaleza. Y yo me llevo de maravilla con la naturaleza.”
Marilyn Monroe.

“En capítulo aparte
Vienen las alusiones a la vulva.
Vamos a silenciarlas por decoro
Cuando no lo comparan con un búho
Que representa la sabiduría La comparan con sapos o con ranas”.
“Sigmund Freud” (Parra, 1959).

Fue muy fácil, en realidad, haberse visto involucrado, de algún modo, en el polémico acto inaugural de FNTT 5 de aquel lejano y caluroso verano santiaguino de 1998, La Vida como Imitación del Teatro con Alex Rivera, el enfant terrible del teatro chileno (que de haber nacido en EE.UU. sería una de las primeras figuras de Hollywood) y Erika Suárez, una desconocida chica que las oficiaba de toppletera. Un espectacular performance, cuya dirección fue responsabilidad de Abel Carrizo-Muñoz y que miopemente fue reducido a su mínima expresión como un mero “coito y una fellatio (sexo oral), con penetración y eyaculación, ante centenares de personas” (www.lanacion.com.ar, 1998); tal y como fue calificado por el sensacionalismo mediático criollo e internacional.

Sin ir más lejos, así fue retratado, con todo lujo de detalles, por El Clarín de Buenos Aires, uno de los medios extranjeros más interesados en cubrir este genuino acontecimiento:

«En el escenario, una pareja inició el excitante ritual de una luna de miel. Lentamente se fueron desvistiendo y acariciando entre carraspeos y suspiros. Cuando la pareja llevó a cabo un acto de sexo oral, la concurrencia estalló en un sólo grito: ¡Dale Alex!, y tuvo su clímax cuando el actor Alex Rivera -que sólo conservaba sus calcetines y anteojos oscuros- penetró a su pareja completamente desnuda sobre el escenario mientras se escuchaba una voz en off: Esto no es realidad, es mentira» (www.clarin.com, 1998).

En efecto, hablamos de acontecimiento, pues, en el sentido deleuziano del término, ilustra muy acertadamente una clase de “fenómenos” (sociales, políticos, culturales o artísticos) que no solo escapan a los determinismos o causalidades, sino que, definitivamente, son de una naturaleza “otra”; y más aún, pertenecen a lo que él denomina el orden de los ACONTECIMIENTOS puros, o “grandes acontecimientos”, como los llamó Nietzsche –y que Zaratustra tilda “de salados, embusteros y poco profundos” (Nietzsche, 1911).

Se trata, en definitiva, de aquellos hechos que marcan claramente un antes y un después, el comienzo (de un nuevo tiempo) y el fin de una era/época. Una clase de acontecimientos que, contrariamente a la opinión de los historiadores y toda clase de analistas, poseen siempre una parte irreductible a los determinismos sociales, porque “se encuentran en una suerte de ruptura o desnivel respecto de las causalidades” (Deleuze, 2007, págs. 213-214).

Esto es, cuando se producen ciertas mutaciones o disrupciones sociales, algunas sociedades – o algún sector de ella- crean ciertos dispositivos, una suerte de artefactos dotados de creatividad, iniciativa e inventiva que vislumbran y promueven un nuevo orden capaz de conectarse con cierta pulsión y de “dar respuesta a la nueva realidad y a una nueva subjetividad, de modo tal que dicha sensibilidad termine por identificarse con esa mutación” (Deleuze, 2007, págs. 213-214).

Es por ello que esta clase de acontecimientos (puros) son también “bifurcación, una desviación de las leyes, un estado inestable que abre un nuevo campo de posibilidades” (Deleuze, 2007, pág. 213) y apertura de lo posible. Ocurren en el interior de los individuos tanto como en el espesor de una sociedad toda –o de un sector importante de ella-, pues se trata de fenómenos “creativos” y de “videncia” social, en virtud de lo cual las sociedades hacen un alto en su devenir histórico, observan y advierten lo que tienen de intolerable, visualizando al mismo tiempo las posibilidades de otorgarse algo distinto (Deleuze, 2007, págs. 213-214). ¿Se entiende?

Por otra parte, cabe destacar que Carrizo-Muñoz despuntó como un joven director teatral, incisivo y valiente en los tiempos más oscuros de la dictadura de “El Innombrable” (acaso el mayor acierto de Tony Blair fue poner este mote al sátrapa chileno) y lo hizo con un exitazo sin precedentes hasta entonces en la incipiente historia de la escena criolla: Lautaro, la epopeya del pueblo mapuche (1982). Obra de la comprometidísima y legendaria Isidora “Nene” Aguirre, un verdadero monumento al teatro chileno, autora de una de las más grandes obras chilenas de todos los tiempos, La Pérgola de las Flores (1962) y que, pese a lo cual, murió pasado los 90 años (2011) sin recibir el Premio Nacional (de Artes de la Representación). Los gobiernos de “La Concertación” (de Partidos por la Democracia), a quienes les correpondía otorgárselo, se lo negaron reiteradamente. Una verdadera afrenta que nos llena de vergüenza ajena y que Juan Radrigán, en el discurso de aceptación de dicho galardón, un año más tarde (2012), se encargó consecuentemente de enrostrar tamaña injusticia.

“Lautaro”, efectivamente, fue un éxito sin precedentes (a fines de 1982 habría sido vista por más de 31 mil espectadores) y pasará, también, a la breve pero significativa historia teatral chilena, seguramente, como la obra en que irrumpió en la escena criolla el mismísimo Andrés Pérez Araya en el papel de Lautaro; un protagónico que prefiguró con creces al Gandhi de La Indiada (1987) que protagonizara unos pocos años más tarde con el Cirque du Soléi de la Ariane Mnouchkine en París.

Recuerdo, además, su versión del brechtiano Turandot en los festivales veraniegos de la Pontificia Universidad Católica de Chile del Parque Bustamante en Santiago de Chile. Por lo que, en lo que a mí respecta, el teatro de Carrizo, representa una especie de rito iniciático teatral. Un despertar al teatro (comprometido), como forma de conocimiento, de investigación y, muy especialmente, como una práctica cultural esencial y profundamente problematizadora.

Por ello, cuando Abel hizo el acostumbrado guiño a los alumnos de nuestra escuela de teatro para incorporarse a la producción del festival (FNTT5, 1998), inmediatamente acepté colaborar en él, en las diversas labores de variado cuño acostumbradamente desarrolladas allí en materia de asistencia de producción; a saber, trabajo de administrativo y documentación, de prensa y comunicación, selección y de contacto con compañías, directores y actores, etcétera. En realidad, se trataba de una experiencia exigente y rigurosa que, en la práctica, venía a ser genuinamente un máster en gestión cultural (aplicado).

Dado que, también, es sabido y reconocido que Abel, a sus dotes de director y profesor, añade la de ser un gran gestor y administrador cultural de fuste. Principalmente a él, sin duda alguna, debemos que el Departamento de Teatro de la Universidad de Chile posea -exageración al margen- la infraestructura teatral más potentes del país y de buena parte del continente, gracias al reciclaje y transformación que hizo del vetusto y abandona edificio del viejo “físico de la Chile” en las estupendas instalaciones que hoy vemos en Morandé 750, entre las calles Rozas y San Pablo de Santiago de Chile.

Por lo que, como es obvio, me apunté gustosamente ese año, claro está, como muchos o como los mismos responsables del evento, a lo que había sin saber en la que nos estaba esperando.

Una de las escenas de las performance con Alex Rivera y Erika Suárez: Imagen: YouTube

Ahora bien, es preciso destacar que los actos inaugurales constituían un breve instante (escénico) reservado para la creatividad del director de un evento que, esencialmente, estaba concebido –generosamente- como un espacio cedido para y por la experimentación/creación de los diferentes realizadores.

Por lo que se trataba del minuto de oro, el “minuto feliz” si se quiere, el único en que Abel podía dar rienda suelta a su creatividad e inventiva. Y, pese a toda la espectacularidad y calidad estética de muchos actos inaugurales y de todo el enorme gesto creativo puesto en juego –en tanto interpretes y conciencia estructurante del director-, lisa y llanamente, ¡nunca fueron noticia!

Ese año (1998), como todos los anteriores, advertí que Abel estaba buscando material con qué hacer la inauguración; principalmente con salidas por el entorno de la Escuela de Teatro, por los restoranes, galerías y centros comerciales, etcétera. Se comentaba que estaba haciendo diversas observaciones (participantes y no-participantes) en busca de ideas e inspiración, como hacía todos los años. Entre esta búsqueda se sitúa una larga y misteriosa conversación -a puertas cerradas- que sostuvo con el protagonista del bullado performance, Alex Rivera.

Los actos inaugurales, siempre eran, por lo mismo, un número esperado por muchos, pese a la ignorancia e indiferencias de muchos respecto de ellos. Para mí, en casi todas las ocasiones, lo mejor del festival, ¡con creces! Recuerdo algunos francamente notables como, por ejemplo, el número protagonizado por unos travestis que hacían fonomímica: ante la sorpresa e incredulidad y el estupor de muchos puristas un hombrecillo, más bien regordete, travestido, doblando a Paloma San Basilio en Evita, terminó siendo aplaudido por un público emocionado y puesto de pie. Un increíble trabajo que, hasta entonces, se presentaban de manera casi clandestina en clubes gays del Santiago bizarro, era instalado en el ámbito de un festival teatral y en el contexto de un acto académico, adelantándose varios años al espectáculo de las Drag-queen.

Abel tuvo la genial y duchampiana idea de sacar el número de allí para instalarlo, nada más y nada menos, que en la academia, en el escenario de la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile. ¡Espectacular! Un gesto sin el cual, seguramente, hubiera sido impensable, por ejemplo, la obra Cuerpos para odiar, un recorrido por la poesía de la activista travesti Claudia Rodríguez, que se presentó allí mismo muchos años después en el 2015. Hoy, igualmente, podría (hipotéticamente) presentarse perfectamente, sin problemas, el último espectáculo de Jan Fabre, Monte Olimpo(2015), con sus 24 horas de catarsis de tragedia griega y sexo explícito.

Siempre los prolegómenos del acto, como todo lo que involucraba su preparación, eran mantenidos, hasta el final, en el más estricto secreto. Llegado el día, como muchos de los que estábamos colaborando en la producción del festival, me di maña expectante para concurrir a la esperada apertur. De pie justo delante de las cortinas que blindaban las puertas de ingreso de la abarrotada Sala Agustín Siré me prepararé (ignorante) para disfrutar del espectáculo. Recuerdo a Abel de pie en el escenario haciendo un discurso, carpeta en mano, más o menos formal de saludo, al cabo del cual, previa presentación, se desencadena el esperado acontecimiento. Una estampa del folklore chilote a cargo del Grupo Chamal dirigido por el coreógrafo y folclorista, hoy director de la Escuela de Teatro, Iranio Chávez, se fue fundiendo a modo de fade in escénico con los acordes del Bolero de Ravel y la entrada nupcial de una pareja de recién casados que, cabo de unos minutos, sin mediar diálogo alguno, se empiezan a besar y a acariciar hasta comenzar a hacer el amor, con ¡final feliz! Como ya sabemos.

Con ello –inesperadamente- la polémica estaba servida y lo que vino después fue una sorprendente vorágine que elevó este genuino acontecimiento teatral a la categoría de escándalo. Para odiar o para amar. Por lo que las reacciones, por parte de muchos todos los sectores de la vida nacional, al mismo tiempo, como era de suponer, no se hicieron esperar. ¡En un país acostumbrado a tirarse a la piscina (hasta) sin agua, no es para sorprenderse en realidad! De parte del público de esa noche advertí cierto estupor e incredulidad pero dentro de unos discretos respeto y aceptación. Otra parte del público general de los espectáculos teatrales que, también se pronunció, lo hizo negativa y masivamente sin siquiera estar presente en el evento; como muchos otros que raudamente corrieron a pronunciarse y posicionarse, claramente, en busca de notoriedad y protagonismo servido con mano ajena. Algo que, por lo demás, también constituye un verdadero deporte nacional.

La prensa, en general, tomaba partido y se escandalizaba corriendo, fundamentalmente, a cubrir las reacciones de ciertos voceros y personeros públicos más o menos oficialistas. Por su parte, las autoridades universitarias reaccionaron divididamente inclinándose la balanza a favor de la actitud condenatoria encabezada por la máxima autoridad rectorial (Jaime Lavados); quien no trepido en amenazar hasta con el consabido sumario y sanciones legales, las que iban de una mera amonestación hasta la expulsión de los responsables de la universidad. No se lo pierdan, ¡por ofender la moral! (www.clarin.com, 1998).

La notable excepción, en este sentido, fue el decano de la Facultad de Artes Luis Merino -presente en el acto- quien apoyó y puso las primeras líneas del discurso argumental del gesto académico que, en definitiva constituyó el performance, al afirmar no haberse sentido ofendido, en lo más mínimo, defendiendo que las obras fuertes de la muestra «son artísticas, en cuanto son formas de expresión» (www.lanacion.com.ar, 1998).

Nada fuera de lo esperado en verdad. Se podrían haber vaticinado todas las reacciones que se produjeron, ¡sin excepción! Lo cual se intuye al aquilatar lo señalado por Abel, al ser consultado con motivo del cumplimiento de los 10 años del acontecimiento:

«Si bien, ese trabajo hay que entenderlo en un contexto que es legítimo a pensar para la Universidad de Chile, cabe destacar que el Rector que me intentó sacar ya no está, y si estoy yo. Pienso serena y reflexivamente, que esta universidad es un espacio que todavía tiene un deber con ser conciencia crítica de lo que es una sociedad. No porque sea superior, sino porque hay tareas que todos debiéramos hacer, como por ejemplo conciencia crítica del país que construimos, olvidamos, traicionamos y de aquel que estamos construyendo. Me parece que una iniciativa como el Festival de Nuevas Tendencias, o en el Arte, el carácter punzante, crítico o agudo, respecto a generar otros discursos, otros pensamientos y otros mundos, es una tarea legítima y necesaria» (Sergio Trabucco Z, 2007).

Abel Carrizo presentando el acto. Imagen: Youtube.

Ante el vendaval y gravedad de las reacciones oficialistas pusimos en acción, rápidamente, una suerte de petit comité, que tuvo –sobre la marcha- que elaborar un plan de contingencia y de manejo de crisis. Yo, dado mi incipiente incursión en el mundillo de lo público y lo político, tenía alguna experiencia como para ello, por lo que mi entusiasmo fue mayor pese a la que estaba cayendo. La estrategia estaba, más o menos, clara. Había que hacer público el discurso y explicitar los profundos propósitos del acto, junto que el desarrollo de las alianzas y las bases de la defensa pública (política) y jurídica que había que desplegar en vista del curso de los hechos. Establecimos, rápidamente, contacto con el abogado Julio Stuardo (QEPD) para el tema de la defensa legal y pasando a la ofensiva nos conectamos con la bancada PS-PPD (que juzgábamos por “progre” sensible al acto) e hicimos una rueda de prensa en el Palacio Ariztía.

A modo de anécdota. Entramos a la sala de reuniones en donde se encontraba presente dicha bancada en pleno. Nos salió a recibir el entonces diputado Guido Girardi, quien nos hizo pasar muy amablemente a una sala en donde los parlamentarios se encontraban muy distendidamente desparramados en hermosos sofás de cuero oscuro vintage. Una sala que más que de reuniones parecía una sala de relax o de ocio, principalmente por su comodidad que invitaba, a esas horas, a echarse una rica siesta más que otra cosa. El entonces diputado Jorge Schaulsohn, mientras sorprendentemente engullía un (sendo) sándwich de queso fundido con jamón, cómodamente tumbado en uno de esos (enormes) sofás nos dijo de entrada: “no entiendo lo que han hecho y, entre nos, lo rechazo categóricamente, pero en público lo defenderé a muerte”.

En la rueda de prensa participaron los mencionados parlamentarios del PPD y Sergio Aguiló (indiferente e inexpresivo) que por entonces era diputado PS (entiendo que ahora no lo es). Pusimos todo el énfasis en la libertad de creación, expresión y, muy especialmente, de cátedra; pues, en efecto, se defendió que estábamos hablando estrictamente de un acto desarrollado en el ámbito de la experimentación e investigación académica. De tal modo que, por primera vez en el Chile de la transición, se debatía cuáles eran los límites que tenía la creación y la experimentación artística en el ámbito de la (libertad) cátedra. Cuestión que, imagino que aun siguen sin ser explicitada en buena parte de mundo y ni hablar en Chile.

Luego, vinieron entrevistas a medios escritos y televisión con Abel, que nos permitió socializar y ampliar más el debate y la discursividad subyacente al acto. Algo que, seguramente, inhibió y morigeró -de algún modo- la torpeza con la que actuó la máxima autoridad universitaria (como algunos conspicuos teatristas); prueba de ello es que, finalmente, sus anuncios draconianos quedaron simplemente reducidos en una torpe y miope bravata.

Ahora bien, de los pronunciamientos, por parte de los diferentes sectores, no deja de llamarme la atención la (sobre) reacción condenatoria y la pobreza argumental de cierto sector del mundo teatral. Recuerdo, especialmente, el pronunciamiento castrador e inquisitorial de Paulina Urrutia y Rodolfo Pulgar, a nombre del sindicato de actores de Chile, quienes condenaban que se hubiera subido al escenario una persona que “no era actriz”, como si todos sus colegas de las telenovelas lo eran o hubieran estudiado actuación, al menos en alguno de los centros formativos acreditados. Alfredo Castro, pese a no haber estado presente en el acto, desde la cómoda posición que siempre le ha caracterizado, en calidad de presunto vocero de una “vanguardia” teatral escapista y light, siempre inmutable, cuando no, en contubernio con el poder y apoltronada en los platós televisivos, se manifestó categóricamente condenando el acto. Argumentó su postura de rechazo al (supuesto) sensacionalismo provocativo del mismo.

Finalmente, a modo de corolario, diremos que la importancia que reviste este acontecimiento radica en que re sitúa, luego de los oscuros años de la dictadura y de ocho años transcurridos de transición, al teatro en tanto en cuanto práctica esencialmente problematizadora, hasta perturbadora, si se quiere, para con el poder. Recuerden, que por esos días en Chile ocurría un hecho francamente surrealista, más propio de una república bananera que del real maravilloso latinoamericano prodigado por el gran “Gabo”, nuestro Nobel Gabriel García Márquez en su maravilloso discurso de aceptación al premio, La soledad de América Latina (1982), cuando alaba la soledad y el sacrificio del presidente Allende en La Moneda en llamas: “El Innombrable” asumía, ante la incredulidad y el estupor del mundo entero y luego de su retiro voluntario a la máxima jefatura del Ejército de Chile, como senador (designado), en carácter vitalicio.

¡Quien fuera el máximo responsable de la destrucción de la democracia chilena y sus instituciones asumía un cargo en la institución democrática por excelencia! Y, recuerdo, al cumplirse 20 años del acontecimiento, en ese contexto una sentida y artaudiana reflexión, tanto que me quedó grabada todo este tiempo, que me hizo personalmente Abel, en relación asunción del sátrapa como parlamentario, dado que siempre hablábamos de estas cosas: “Por qué si la realidad emula a la ficción, el teatro no puede parecerse a la realidad”. Por qué si la realidad nos ponía ante nuestros ojos un hecho increíble, una cruel e irónica ficción, el teatro no podía imitar la vida. Esta profunda reflexión política estuvo en el fondo filosófico del gesto inaugural, de ahí su, también artaudiana, denominación, “La vida como imitación del teatro”.

Por primera vez, por demás, desde que se tenga memoria en Chile, se ponía en el centro del debate, aunque pasando desapercibido para el conjunto de la sociedad y sus intelectuales, los límites de la libertad de creación/experimentación y de cátedra. Allí, a mi juicio, radica definitivamente toda la importancia (y plena vigencia) del acontecimiento que nos convoca. Que dejó en evidencia -una vez más- que la incomprensión y la incompetencia forman parte del ADN nacional.

“En un país que miente y esconde la realidad, quisimos hacer un momento de verdad. Es bueno que se sorprendan, porque la gente aquí no sé si vive o muere (…) El teatro, siendo una actividad modesta, casi marginal en Chile, tiene responsabilidades éticas y sociales que yo creo que no las hacemos bien. No hemos encontrado nuestro espacio, nuestro sitio, para mirar y para ser parte de nuestra comunidad de la manera que yo creo que debiéramos ser», señaló Abel por entonces. (www.clarin.com, 1998).

Bibliografía

Artaud, A. (1938). El teatro y su doble. París .

Deleuze, G. (2007). Dos regímenes locos, Textos y entrevistas (1975-1995). Valencia: Pre-Textos.

Derrida, J. (1988). La escritura y la diferencia. Barcelona: Editorial Anthropos.

Foucault, M. (1978). La Historia de la sexualidad. Madrid: Siglo XXI.

López, C. (2006). El deporte en Chile. Recuperado el 10 de enero de 2018, de www.deportesmapuches.cl: http://www.deportesmapuches.cl/doc_especiales/Z-UPLACED-2-DCH-CRONOLOGIA/Universidad%20de%20playa%20ancha_%20Upla-1.htm.

Márquez, G. G. (1982). https://cvc.cervantes.es/. Recuperado el 9 de enero de 2018, de https://cvc.cervantes.es/actcult/garcia_marquez/audios/gm_nobel.htm.

Nietzsche, F. W. (1911). Thus spake Zarathustra: a book for all and none (Vol. 4). Macmillan.
Parra, N. (1959). Obra gruesa. Santiago de Chile: Andrés Bello.

Sergio Trabucco Z. (8 de noviembre de 2007). Recuperado el 20 de enero de 2018, de http://www.artes.uchile.cl: http://www.artes.uchile.cl/noticias/43719/abel-carrizo-hay-mucho-conservadurismo-en-la-universidad-de-chile.

www.clarin.com. (9 de enero de 1998). Recuperado el 21 de enero de 2018, de https://www.clarin.com/espectaculos/polemica-chile-escena-teatral-sexo-explicito_0_SJrgen-yI2e.html.

www.clarin.com. (9 de enero de 1998). Recuperado el 21 de enero de 2018, de https://www.clarin.com/espectaculos/polemica-chile-escena-teatral-sexo-explicito_0_SJrgen-yI2e.html.

www.clarin.com. (9 de enero de 1998). Recuperado el 20 de enero de 2018, de https://www.clarin.com/espectaculos/polemica-chile-escena-teatral-sexo-explicito_0_SJrgen-yI2e.html.

www.lanacion.com.ar. (9 de enero de 1998). Recuperado el 25 de enero de 2018, de https://www.lanacion.com.ar/84999-chile-polemiza-por-un-coito-en-escena

*Trabajo fue elaborado a pedido del desarrollo de una tesis del grado del Departamento de Teatro de la Universidad de Chile, que pone el foco investigativo respecto de este acontecimiento.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *