La mesa del pellejo

En Chile, y me imagino que en muchos otros lugares, se ocupa de manera irónica el término: “Te
va a tocar la mesa del pellejo”, cuando uno no es de los principales invitados a una cena y te
sirven una comida precaria, y quedas alejado de los principales comensales. Ello, desde luego, es
reflejo de menosprecio y por tanto un llamado de atención a que no todos los invitados valen lo
mismo y por ende no cuentan con trato igualitario

Por Álvaro Pacull (desde Santiago de Chile)

En Chile, y me imagino que en muchos otros lugares, se ocupa de manera irónica el término: “Te va a tocar la mesa del pellejo”, cuando uno no es de los principales invitados a una cena y te sirven una comida precaria, y quedas alejado de los principales comensales. Ello, desde luego, es reflejo de menosprecio y por tanto un llamado de atención a que no todos los invitados valen lo mismo y por ende no cuentan con trato igualitario.

Hace pocos días, en el Senado del Congreso Nacional de la República de Chile, se aprobó, de manera rotunda, la Ley Fomento a las Artes Escénicas, algo que sin duda debe ponernos contentos y llenarnos de orgullo; ésto porque la buena nueva trae justo reconocimiento y beneficio a las Artes Escénicas mencionadas en la Ley y a sus públicos de interés.

Como algunos saben, en su momento, discutí -con un costo personal nada menor- aspectos de dicha iniciativa, por considerar que el texto original era excluyente con algunas manifestaciones artísticas, situación que privilegiaba intereses sectoriales determinados, algo que afortunadamente tuvo las enmiendas correspondientes.

Sin embargo, es importante hacer notar el pesar que ocasiona en muchos el constatar que la Ley aprobada finalmente excluyó a un importante sector de los trabajadores y creadores de la ópera nacional, los que se verán impedidos, debido a las normativas impuestas, de acceder, vía concurso, a los fondos contemplados, no pudiendo difundir, con estos apoyos, sus espectáculos en la Región Metropolitana, zona que contempla la más alta concentración de personas del país.

Esto además no es buena noticia para muchos espectadores que están lejos de poder concurrir –por diversas razones- al Teatro Municipal de Santiago, o participar de las escasas extensiones comunitarias que brinda dicha institución, la que sí cuenta con asignación financiera por parte del Estado.

Si hacemos un poco de memoria, recordemos que hace unos cuantos meses pudimos conocer un proyecto de Ley que propiciaba reconocimiento y apoyo a las artes escénicas nacionales, pero inexplicablemente y sin fundamentos del todo claros, omitía y no reconocía la Ópera como parte de estas artes. Situación compleja, ya que como sabemos, dicha manifestación se entiende como una de las expresiones artísticas más completas y basa su estética expresiva no sólo a nivel de composición musical, sino también dramática, en la que un texto dialogado se canta y se escenifica, lo que a ojos de cualquier persona calificaría, casi sin dudas, para ser parte del género teatral y desde luego musical.

Luego y producto de sólidas argumentaciones de diferentes actores del ecosistema artístico y cultural, se logró que la Ópera fuera incorporada en el proyecto de Ley, pero lamentablemente y como anticipamos, sólo de manera parcial y sesgada. Desafortunadamente, el resultado a la vista
hace percibir “lobbies” sectoriales en pro de beneficios particulares que no hacen bien al posicionamiento de la cultura en el sentido amplio de la palabra y con ello emerge el cuestionamiento sobre cómo se gestionan los proyectos de Ley y finalmente cómo y bajo cuales criterios se legisla en el país. ¿Este tipo de prácticas hace bien a la nación?, obviamente que no,
ello porque se establecen privilegios injustificados, difíciles de explicar y que no hablan de igualdad ante la Ley, algo a lo que como ciudadanos no debemos renunciar.

Ojalá me equivoque, pero lo expuesto hace presumir que la citada marginación de los trabajadores de la ópera nacional, ajenos al Teatro Municipal de Santiago, que resultaron impedidos de concursar por los fondos asignados en la Ley, es debida al privilegio económico que un sector de los representantes de las artes escénicas no estuvo dispuesto a transar y esa fue aparentemente la moneda de cambio para aceptar la incorporación de los excluidos en el proyecto de Ley.

Estimamos que los responsables de nuestra institucionalidad cultural y obviamente sus actores, debieran reflexionar en el sentido de que para toda concepción y desarrollo de proyectos, más allá de los recursos económicos implícitos, aspectos como: asignación de valor real, gestión valórica,
definición de objetivos transparentes, metas de largo alcance, construcción de identidad sana, confianza entre los públicos de interés, son importantes para el logro de dichas iniciativas, así como para el posicionamiento sectorial, el cual se alcanza, con generación de redes honestas, trabajo multidisciplinario enfocado en el bien mayor, eficientes definiciones de contenido, amplia
colaboración productiva y adecuada comunicación interna y externa, entre otros.

A raíz de lo expuesto, surgen entonces algunas preguntas: ¿Gana la imagen del sector de las artes escénicas con todo lo expuesto? ¿Favorece al posicionamiento de las artes escénicas, al desarrollo de una marca sectorial y a la valoración publica, hacer una Ley con la particularidad ya señalada?
Valoramos la capacidad de escucha, tanto de los legisladores, como de los miembros del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio y de los desarrolladores de la iniciativa legal, quienes afortunadamente aceptaron las argumentaciones que aconsejaban sumar y no restar expresiones artísticas al proyecto.

Damos gracias porque los involucrados se abrieron a tener en cuenta -a nivel de referencia- legislaciones internacionales que sí suman la Ópera a sus leyes de fomento de las artes escénicas. Es de esperar que en un futuro cercano, lo que quedó debilitado en este cuerpo legal se mejore y que de una vez por todas el tan necesario “pensamiento productivo” y los valores que se declaran, se hagan presentes en cuerpo y el alma de la citada Ley y que ello sea coherente con la una mirada estratégica de largo plazo.

Vivimos en un mundo donde la observación profunda, la capacidad real de escuchar, el trabajo verdaderamente colaborativo y el respeto a las opiniones diversas, son paradigmas que nos demandan cambios profundos en la manera de liderar proyectos, donde la flexibilidad y el reconocimiento del bien mayor, nos permitan idear e implementar soluciones con mayor impacto y que respondan efectivamente a las necesidades de un Chile más justo, inclusivo, igualitario y
moderno.

El llamado es a trabajar por la coherencia. Cada vez más contamos con escenarios apropiados en muchas comunas con sobre los cincuenta mil habitantes, pero estos requieren ofertas distintas, con contenidos diversos e interesantes. La Ópera, como las demás artes escénicas, debe estar llamada a contribuir en ese desafío artístico, generando espacio para nuevas y más audiencias que
no vean la cultura como algo poco cercano y elitista.

No permitamos que la Ópera se quede en la mesa del pellejo, esa en que las personas de las “otras artes escénicas” nos hemos venido sentando hasta hoy.

Las artes y la cultura tienen el potencial de generar la identidad y cohesión ciudadana que tanto necesitamos, pero ello siempre dependerá de cómo y con cuáles valores se gestionen. Que esta experiencia sirva para que los países que aún no cuentan con una Ley similar aprendan de lo que nosotros a tropiezos hemos vivido.

FIN

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Álvaro Pacull L. es profesor universitario, actor, licenciado en estética, magíster en comunicaciones y diplomado de doctorado en estudios avanzados de literatura española c/m en teoría, historia y práctica del teatro.

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