Actores y sociedad: En búsqueda de la congruencia en tiempos de crisis

Por Alvaro Pacull (desde Santiago de Chile). Hace pocos días tuve la oportunidad de leer una entrevista a un afamado actor nacional de teatro, cine y televisión, quién reflexionaba sobre el acontecer nacional a raíz de la crisis social que vivimos y dónde la demanda mayoritaria apunta a mayor justicia, equidad, participación, entre otras.

Por Álvaro Pacull L. (desde Santiago de Chile)

“La felicidad se alcanza cuando lo que uno piensa, lo que uno dice y lo que una hace están en armonía”
(Gandhi).

Hace Hace pocos días tuve la oportunidad de leer una entrevista a un afamado actor nacional de teatro, cine y televisión, quién reflexionaba sobre el acontecer nacional a raíz de la crisis social que vivimos y dónde la demanda mayoritaria apunta a mayor justicia, equidad, participación, entre otras. El entrevistado en cuestión, forma parte de lo que podríamos llamar la élite cultural de la nación y entre sus opiniones y respuestas manifiesta tener cierto temor de salir a la calle porque siente que su imagen pública puede hacerlo correr algún peligro, ello en un escenario social donde la molestia se hace presente frente a todos quienes detentan privilegios por sobre los demás.

Y es que en los tiempos que corren debemos preguntarnos, y más que nunca, si los valores que se proclaman han sido consistentes con las acciones realizadas; es decir, si los relatos con que nos proyectamos a la comunidad tienen consistencia y coherencia en los hechos, ya que de lo contrario se corre el peligro de la condena, el rechazo y porque no el castigo social.

La acumulación de rabia social contra la autoridad y también las diferentes élites, responde a la desconfianza producto de la inconsistencia y eso en el medio de las artes escénicas es algo que no podemos dejar de tomar en cuenta, sobre todo por el nivel de visibilidad mediática que han logrado en los últimos años algunas figuras del espectáculo.

Como sabemos, un grupo no menor de actores y actrices, han incursionado laboralmente y con mucho éxito en diversos oficios que ofrece el medio de la televisión y la publicidad (actuación, producción, elaboración de guiones, animación), esto ha impulsado económica y socialmente a algunos, pero también los ha distanciado del grueso de sus colegas y como no de la ciudadanía en general.

Hablamos, en ciertos casos, de personas con remuneraciones bastante elevadas a nivel nacional, las que no comulgan con la realidad de una ciudadanía que no llega a fin de mes y que por tanto terminan afrentándola. La situación se torna más compleja debido a que como sabemos un sector mayoritario del medio escénico cultural se manifiesta a favor de la justicia social y en contra de la inequidad y la desigualdad de oportunidades, lo que redunda perceptualmente en inconsistencias de relato para quienes no forman parte del minoritario grupo de dichos favorecidos.

No se entienda mal, el presente escrito no es animado por la condena o el resentimiento, sino más bien por la necesaria reflexión sobre un tema que para los agentes culturales y sobretodo los del teatro, debiera ser irrenunciable, cómo lo es sacar a la luz situaciones que requieren cuestionarse ética, social y políticamente. Debemos comprender, al igual que políticos, líderes religiosos, empresarios, etc., que la ciudadanía está pidiendo actuaciones ejemplares, honestas y coherentes que abarquen tanto el espacio público como el privado.

En este sentido, surgen interrogantes sobre el rol social jugado por los interpretes en las industrias mencionadas; desde luego está el aporte estrictamente profesional, el que en este caso no está en juego, pero también existe la dimensión colaborativa a una maquinaria de producción de la industria audiovisual, la que como no transmite valores y con ello puede retroalimentar comportamientos que bien podrían ser reafirmadores de un sistema que se dice cuestionar y condenar.

En ello cabe la compleja decisión de decir no a ciertas líneas editoriales o finalmente consentirlas y acomodarse a ellas, sin al menos preguntarse al servicio de qué contenidos y objetivos se puede estar poniendo el cuerpo, la voz y el corazón. Lo dicho adquiere especial relevancia cuando el intérprete o creativo se desempeña en el ámbito publicitario, ya que como sabemos éste es la gasolina para la activación del consumo en una sociedad de libre mercado como la nuestra que ha implicado sobreendeudamiento masivo de la población, producto del que el tan mentado chorreo no ha llegado a la base.

Existen también otros aspectos relevantes en esta compleja “ecuación de coherencia” que analizamos, como lo son las figuras de contratación de los “rostros” actorales o profesionales top de la industria, las que en un amplio porcentaje se ejecutan a través de facturas de naturaleza empresarial que terminan tributando mucho menos que si existiera una dependencia como persona natural con contrato convencional de trabajo. Con ello se propicia un mecanismo elusivo por un lado y por otro se insincera la relación laboral de dependencia con la empresa, la cual con ello se desliga de los compromisos legales que tiene respecto a instancias de desvinculación de sus trabajadores, por ejemplo. Con esto, el tan importante lema sindical que reza: “los actores somos trabajadores”, se incumple y no se contribuye a la dignificación y protección laboral del sector.

Es importante también señalar la profunda inequidad salarial que se ha dado en la televisión chilena, como también en las empresas productoras audiovisuales. Desde relaciones laborales aseguradas por años y con honorarios millonarios para un grupo específico, hasta magros pagos por citaciones, los que –estos últimos- un amplio grupo de profesionales se ven obligados a aceptar, producto de la enorme precarización y necesidades existentes.

Esta situación éticamente compleja, ha requerido para su existencia de la anuencia o complicidad pasiva de los sectores privilegiados del sistema, los que generalmente se han visto inmersos en negociaciones individuales por sobre soluciones colectivas que podrían ayudar a disminuir la enorme brecha salarial existente; ello, como lamentablemente sabemos, en un medio insuficiente a nivel de meritocracia, transparencia y donde la profesionalización en temas como la incorporación de nuevos talentos y la selección de actores y actrices experimentados y disponibles para nuevas producciones, tiene claras y urgentes oportunidades de mejora.

Como complemento, sumamos al respecto, aspectos de naturaleza financiera que bien deben ser considerados, como los son la baja pertinencia de concentración salarial desmedidamente alta en la punta de la pirámide cuando los presupuestos son acotados; ello como hemos visto, no asegura necesariamente el rating y dificulta nuevas contrataciones que pueden refrescar la pantalla y dar espacio de entrada y desarrollo a otros profesionales, los que bien podrán incorporarse de manera comprometida de mediar condiciones económicas favorables, producto de readecuaciones salariales en los honorarios más altos de este ecosistema creativo-productivo.

Es muy cierto que la realidad actual es compleja para este medio, la competencia de producciones extrajeras disponibles en diversas plataformas ha llevado a la baja el consumo nacional, pero bien valdría la pena repensar la viabilidad y sostenibilidad de esta industria, sobre la base de generación de nuevos contenidos, cultura innovadora e incorporación de nuevos intérpretes, algo que no es posible con una gestión conservadora y que favorece económica y laboralmente a los mismos de siempre, entre otros factores.

En un escenario como el presente, donde se habla cada vez con mayor fuerza a nivel gremial a favor de una nueva constitución, proclive a un modelo solidario por sobre el actual subsidiario, se debe tener en cuenta que ello exige esfuerzos y sacrificios globales. En nuestro medio, ello implica fomentar y poner internamente en práctica modelos y actitudes que apunten a la consistencia de lo proclamado y sentido por una mayoría de los involucrados.

Así, algunas acciones simples y concretas como:

– Fortalecimiento del ámbito sindical para garantizar los derechos laborales, sociales y el desarrollo de mediaciones virtuosas en negociaciones que tiendan a la mejora de las condiciones de los trabajadores más precarizados. Esto demanda participación amplia y activa del sector.

– Generación de un fondo de ayuda solidaria para los profesionales necesitados del medio a costo del descuento de un porcentaje -categorizado por tramos- de la repartición anual de las ganancias de retransmisión audiovisual gestionada por Chile Actores.

-Alianza colaborativa entre Sidarte y Chile Actores para el desarrollo de estrategias de vinculación efectiva con el medio, que redunden en: fomento productivo, generación de propuestas de Ley que apunten a brindar sostenibilidad al ejercicio profesional y el resguarden la protección social de los involucrados.

-Actuar personal y colectivo ético, coherente, honesto y responsable que demuestre inclinación al bien común sectorial.

Estos podrían ser modestos y firmes pasos que garantizarían la tan anhelada consistencia que como gremio nos merecemos y que entre todos debemos construir y proyectar para así fortalecernos y lograr mayores espacios de dignidad.

FIN

Álvaro Pacull L. es profesor universitario, actor, licenciado en estética, magíster en comunicaciones y diplomado de doctorado en estudios avanzados de literatura española c/m en teoría, historia y práctica del teatro.

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