El show debe continuar: teatro en los tiempos del Covid-19

La pandemia del Covid-19 ha obligado a cerrarlo todo y a consagrarnos a un total enclaustramiento doméstico al cual ya las TICs, desde un tiempo a la fecha, nos habían acostumbrado de sobra y condicionado por completo nuestros consumos culturales y estilos de vida.

La pandemia del Covid-19 ha obligado a cerrarlo todo y a consagrarnos a un total enclaustramiento doméstico al cual ya las TICs, desde un tiempo a la fecha, nos habían acostumbrado de sobra y condicionado por completo nuestros consumos culturales y estilos de vida. El telework o el e-learning es una realidad hace ya bastante tiempo, así como otras formas de socialización que van desde las simples a las más complejas, como es el ocio mismo y el entretenimiento (virtual) hasta aquellas que involucran nuestros sentidos más placenteros como nuestros más puros y sinceros sentimientos: la amistad, el erotismo (cuando no, derechamente, el sexo explícito) y el amor.

De tal modo que no nos debiera extrañar, en absoluto, que, durante este obligado confinamiento producto del tedio o del exceso de tiempo libre, echáramos mano a las artes (música, danza, poesía, pintura, etc., a modo de coloquios, conferencias, conciertos y recitales, presentaciones de libros, etc…), ya sea como consumo cultural o como práctica, seamos profesionales o legos, para entretenernos o cultivarnos.

El teatro, aunque parezca una contradicción vital, ya que se define por excelencia como una práctica eminentemente presencial, en donde interactúan (en el aquí y el ahora) un o unos sujetos artistas con un determinado público; no por nada, Peter Brook, ha dicho en el arranque de su conocidísimo ensayo El espacio vacío, “puedo tomar cualquier espacio vacío y llamarlo un escenario desnudo. Un hombre camina por este espacio mientras otro le observa, y esto es todo lo que se necesita para realizar un acto teatral”. Sin embargo, tampoco, ha estado ajeno a este fenoménica artística de confina-covid-19 y, por el contrario, ha pasado a ocupar un lugar de privilegio en esta estética.

Dos buenos ejemplos los de teatro de confinamiento son la experiencia que nos brinda Teatro en Casa y teatro de balcón en Madrid.

El Teatro en Casa es un interesante híbrido escénico (“no es cine ni video, no sé qué es”, ha dicho Morena), estrenado por la teatrista charrúa, dramaturga y directora (uruguaya), Marianella Morena.

Experiencia que está autora define de este modo y, de paso, alude a los balcones, “aunque las funciones se hayan cancelado, la teatralidad nos habita, ya no hay vuelta atrás: el teatro vive en nosotros. Cómo reaccionamos viendo los diversos comportamientos de las personas que están en plena cuarentena, la necesidad de la cultura presencial generó todo tipo de manifestaciones donde los balcones pasaron a ser escenarios a la calle: desde lo privado a lo público. Extrañamos vibrar y emocionarnos para combatir la incertidumbre. Se re significa lo cultural, lo artístico”.

La experiencia de los balcones congrega a un grupo (teatro aficionado) de vecinas de los barrios de San Simón y Torrecilla del Leal (Madrid), que han vuelto a los balcones una y otra ve ya sea para realizar conciertos poéticos, macro relatos y en esta oportunidad para representar un fragmento teatral de la obra Ramon de Sergi Belbel.

Retomando, por último, las palabras de Morena no sabemos si estamos frente a un fenómeno de resignificación de la práctica cultura que implica un antes y un después, en donde los cambios y las transformaciones llegaron definitivamente para quedarse o simplemente estamos en presencia de un fenómeno transitorio. El tiempo lo dirá, una vez que volvamos a la normalidad, cuál de estas formas se quedarán para dar inicio a nuevas formas y prácticas estético-expresivas y cuales no.

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