Arturo Bührle: El artista de la burla

Por Rosalba Negrete (desde Santiago de Chile).
Arturo Bührle, nacido en el 14 de Diciembre 1886, hombre personaje, sin duda fascinante, desde su infancia hasta la misma muerte. Un maestro en su arte, como decía su amigo Pedro Sienna, las mismas letras de su nombre lo enunciaba, “el artista de la burla”.

Por Rosalba Negrete (desde Santiago de Chile)

El arte es un placer, una alegría. Nosotros estamos muy satisfechos de hacer reír porque la risa es una liberación” (Pedro Sienna).

Arturo Bührle, nacido en el 14 de Diciembre 1886, un hombre, un personaje, sin duda, fascinante; desde su infancia hasta la misma muerte. Un maestro en su arte, como decía su amigo Pedro Sienna, las mismas letras de su nombre lo enunciaban, “el artista de la burla”, “por algo el nombre y apellido de Arturo Bührle, llevaban en sus silabhas primeras las raíces del Arte y de la Burla. Y si alambico más: Arte Burlesco”

De corta estatura, de ojos celeste cielo, que tenían la expresión de un niño travieso, un hombre que naturalmente, hacía todo con una gracia endemoniada.

Hijo de Arturo Bührle Ríos, músico y director de orquesta de origen alemán y de Mercedes Ignacia Cerda, fue el mayor de tres hermanos: Rebeca, Luisa y Carlos. Sus primeros estudios los hizo en el Colegio San Pedro Nolasco y la secundaria en el Liceo de Aplicación. Fue un niño inquieto, siempre metido en todo tipo de travesuras y deconstruyendo lo cotidiano para crear mundos.

Un día le expresó a su padre, siendo aun muy joven, aproximadamente a los 12 años, que había descubierto a que quería dedicarse a “ser un actor “, la repuesta de su padre fue contundente y lapidaria, “sobre mi cadaver”.

Fue bombero en un solo y único incendio, donde salvó una damajuana, que vacío con otro voluntario, sentado en lo alto de un techo. Así era… el mismo lo afirmaba: “no soy un borracho, sino un tomador franco” y francamente bebía y mucho. Tanto es su conexión con la bebida que hay un cóctel que llevaba su nombre, “El Bührles”, que básicamente consiste en: un vaso chopero, 7/8 de Gin, 1/8 de Bilz y gotas de Amargo.

Una afición a la bebida que lo llevo a delirios intermitentes y tempranamente a su muerte (de cirrosis hepática) en 1927 a los 41 años en el sur de Chile, en la ciudad de Valdivia. Las crónicas de la época cuentan que al traslado (por tren) de sus restos mortales se produjeron innumerables y espectaculares muestras de pesar colectivo en cada una de las estaciones hasta la llegada a la capital chilena. Sin ir más lejos, el Tony Chalupa y su marga circense lo esperó a la intemperie de la estación de Linares para brindarle un último adiós con una triste canción bufona y La Nación y las mejores plumas del país editorializaron su partida. Así recuerda Sienna, en el citado libro, su llegada a Santiago:

“Frente al Teatro de la Comedia, que colgó de negro su fachada, la carroza hizo un alto. Y mientras en la calle las orquestas unidas de los teatros ejecutaban la Marcha Fúnebre de Chapín, todos los artistas residentes en la capital, desfilaron deshojando rosas sobre el ataúd. El popular Nicanor de la Sotta, ese muchacho tan bueno, el temperamento artístico más rico en fibra formado en nuestro ambiente, que estaba muy enfermo, se hizo levantar de la cama para acompañar el cortejo. Hermoso rasgo de compañerismo que le costó la vida. Murió quince días después” (Sienna, 1927: 126).

En fin, todo retrato se compone de luces y sombras, en el caso de Bührle, las luces, indudablemente, tienen más destellos. Él no era de los estudiosos que memorizan un papel, de aquellos ensayan y ensayan, no; él tenía metido el arte en sus huesos, encarnada en personaje, lo hacía de una forma intuitiva, superando toda expectativa… Podía representar el más insignificante papel, una aparición, con solo dos frases y todo el teatro lo ovacionaba.

Sentía orgullo de ser chileno, un artista criollo desde su médula, pudo tener carrera en el extranjero, pero lo rechazó, pues tenía su raíz hundida en su tierra, su lugar de pertenencia, así se volvió la costra de la tierra.

En tiempos en que la escena chilena estaba plagadas por compañías, fundamentalmente, españoles (de hecho, en una de ellas empezó su carrera), una escena que tuvo un momento altísimo a partir de su figura tanto como granjeare el incomparable mérito de ser “el primer actor cómico de Chile”.

Así recuerda este momento, Pedro Sienna:

“La primera compañía nacional (1917), propiamente chilena, con empresa chilena, artistas chilenos, repertorio chileno y decorado chileno fue la que se llamó Compañía Báguena-Bührle, que en su momento de oro llegó a contar en su elenco a la totalidad de la gente que, en esa época, se pintaba la cara para la escena” (Pedro Sienna, “La vida pintoresca de Arturo Bührle”, Santiago 1933, 70)

¿Cómo hoy se le descubre? Al margen del comentado cóctel, al menos existe una calle en Providencia en Santiago de Chile que lleva su nombre (también existe la calle Actor (Enrique) Báguena), que aparecen en cualquier buscador al poner su nombre y el inicio de la comedia en Chile…

Pero sin lugar a dudas, que ha sido el citado libro La vida pintoresca de Arturo Bürhle, escrito por su amigo Sienna dos años despuès de su muerte, que nos lo da a conocer humanizada la figura del mito. Un libro, por lo demás, muy original e ilustrado por Victor Bianchi y que cuenta toda clase de sabrosas anécdotas y referencias a su genial estilo actoral.

Sin duda fue amado, por sus cercanos y de una manera cómplice con su fantástica locura. Por su público, que seguía enajenado a quien se divertía divirtiendo; como dice Sienna era “un niño grande bueno como el pan, podría haberlo salvado su entereza, pero lo mató su rebeldía”.

Finalmente, ha sido una inmensa alegría descubrirle, un privilegio divisarlo entre las líneas de aquel libro… Al hombre y al actor, una obra de arte que se esfuma en un acto y solamente la memoria puede inmortalizarlo. En este sentido, Sienna señala en uno de sus pasajes de su comentada obra “todos somos deudores a la hora del olvido”.

Referencias

La vida pintoresca de Arturo Bührle, Pedro Sienna, 1929.

Crónica periodística que recuerda su legado.

Un afiche que anuncia una obra en donde participó.

Nota: la imagen destacada corresponde a la portada del libro de Pedro Sienna.

Información relacionada

Descarga en este link “La pintoresca vida de Arturo Bürhle” de Pedro Sienna

Portada del Libro de Pedro Sienna, 1929.

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