Olga Donoso, la gran diva cómica (olvidada) del teatro chileno

Por Rosalba Negrete (desde Santiago de Chile). Urgando en los años 1930, me topé con Olga Donoso, una comediante con un espíritu de locomotora… Ejercer la profesión de las tablas en aquellos años, para una mujer, no era bien visto, se consideraba casi por añadidura tener vida mundana.

Por Rosalba Negrete (desde Santiago de Chile)

Urgando en los años 1930 me topé con Olga Donoso, una comediante con un espíritu de locomotora… Ejercer la profesión de las tablas en aquellos años, para una mujer, no era bien visto, se consideraba casi por añadidura tener vida mundana.

Agregar a este condimento, una crisis económica, sanitaria, con ánimos de guerra en la mirada, la sobrevivencia requería tener una fuerza extraordinaria.

Los teatros se mantenían entre musicales, revistas , circos y boxeo. La gente necesitaba reír para sobre llevar tanta carga de una vida dura… Olga Donoso empezó su carrera a los 15 años en la compañía de vedettes y se desarrolló en el incipiente teatro criollo que despuntaba a inicios del siglo XX. Era una mujer de corpulencia sensual, como dijera un diario de la época:

“La más gorda chispeante vedette del teatro y la revista chilena …quien enloquecía al público con su ingenio y simpatía”.

En 1935 creó una compañía propia de sainetes y variedades (el género teatral por excelencia por entonces) y fue la única mujer jurado que participó en un concurso de tallas (bromas) patrocinado por la Revista Ercilla, “Tallas Chilenas” en el año 1936.

Participó en obras como Estoy queriendo una negra, Si las estatuas hablaran y en un sin número más; en 1938 actuando con su compañía de sainetes y variedades en el Teatro Balmaceda y gracias al rotundo éxito sele ganó el apodo de la “Mae West Chilena”.

Dotada de un estilo pícaro, tenía una cualidad estimuladora que le era inherente a sí, con una forma de cautivar, más que un físico determinado, una personalidad…

Cuentan como anécdota…, como para que podamos dimensionar su carácter, saliendo del Teatro Balmaceda uno de los escenarios más temidos del país por su cercanía con la Vega Central, al terminar una jornada, los actores eran atacados con lechugas, tomates y huevos, ya sea por no haberles gustado la obra o por el sólo gusto de armar escaramuza. Olga salía sin más a la defensa de todo el mundo, con su sola labia hacía callar deteniendo a los agresores.

Mis respetos a esta gran dama de las tablas, que en un mundo adverso, triunfó y ganó al demonio de la desesperanza. Los registros de su vida son vagos, una calle la conmemora -al menos- en la comuna de Pedro Aguirre Cerda en el extra radio del Gran Santiago; hoy quiero hacer brillar su luz de luciérnaga, una más entre mis amigos fantasmas, donde ellos han sido la obra de arte, efímera grandiosidad del instante.

Información relacionada
El teatro cómico de los años treinta.., Maximiliano Salinas Campos.

Nota

La imagen destacada, un retrato de Olga Donoso fue realizada en 1938 por el fotógrafo Alfredo Molina Lahitte (1906-1971), quien fuera un prestigioso retratista de los intelectuales y artistas de su época. Se caracteriza por la elegancia y belleza de sus imágenes. Fue diseñador de decorados en el Teatro Peláez y actor. Formó discípulos que seguirían el arte de la fotografía (fuente: bibliotecanacionaldigital.gob.cl).

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