El Canto de la Sibila, contó otra vez

“El Canto de la Sibila” (en catalán, Cant de la Sibil·la), como es la costumbre y tradición, a pesar de la pandemia, cantó otra vez como ha hecho de los tiempos de bajomedievo. En efecto, se trata de un drama litúrgico de melodía gregoriana, que tuvo una enorme difusión inninterrumpida desde el medioevo en gran parte del sur de Europa y que se (re)interpreta de forma tradicional desde la baja Edad Media hasta nuestros días en la Misa de Gallo en las iglesias de Mallorca (Monasterio de Lluc y en la Catedral de Palma) y en la Catedral de Alguer, ciudad de Cerdeña, inclusive desoyendo su prohibición por parte del Concilio de Trento (1545 – 1563).

El Canto de la Sibila (en catalán, Cant de la Sibil·la), como es la costumbre y tradición, a pesar de la pandemia cantó otra vez como ha hecho ininterrumpidamente de los tiempos de bajomedievo. En efecto, se trata de un drama litúrgico de melodía gregoriana, que tuvo una enorme difusión desde el medioevo en gran parte del sur de Europa y que se (re)interpreta de forma tradicional desde la baja Edad Media (inclusive desoyendo su prohibición por parte del Concilio de Trento (1545 – 1563) hasta nuestros días en la Misa de Gallo, principalmente, en las iglesias de Mallorca (Monasterio de Lluc y en la Catedral de Palma) y en la Catedral de Alguer, ciudad de Cerdeña.

Estamos hablando de una tradición arcana y ancestral de la Península Ibérica que ha pervivido, fundamentalmente, gracias al gesto de rebeldía frente a los dictámenes del contrarreformista concilio eclesiástico, y de uno de los testimonios (para)teatrales imprescindibles para situarnos en el comienzo mismo del re-nacer del teatro occidental, a través de una articulación filorenacentista con la antigüedad clásica, luego de varios siglos del oscurantismo.

Por lo que no es casual que sea “La Sibila”, una profetisa del fin del mundo de procedencia mitológica clásica, mediante el establecimiento de una perfecta analogía entre profecía clásica y el concepto bíblico del juicio final, haya sido readaptada e introducida al cristianismo. En el medioevo se le atribuyó a algunas figuras paganas una cierta capacidad predictiva intuitiva de algunos dogmas cristianos.

Ha sido declarada por la UNESCO Bien de Interés Cultural y, seguidamente, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad (2010). Su incorporación a la comentada celebración de la religiosidad navideña de capitales de Europa del Sur, España, Francia, Italia y Portugal, Mallorca y Catalunya, que viene, en concreto, desde tiempos de la Conquista de Mallorca (1229) para la Corona de Aragón y regida por Jaime I de Aragón o rey En Jaume, se produce fundamentalmente luego de que fueran incorporadas las lenguas romances (y el catalán antiguo) a su dramaturgia.

La primera información que se tiene de la ejecución de El Canto de la Sibila en la Catedral de Mallorca, precisamente, la proporciona la Consueta de Tempore, redactada también en latín (o catalán antiguo a partir del siglo XIII ) entre los años 1360 y 1363.

En el trayecto de expansión, más contemporaneo, de “La Sibila” la ciudad de Tarragona no ha sido una excepción. De tal modo que desde 2013, también, está siendo representada en la tradicional Misa del Gallo, tal y como está ocurriendo en las numerosas catedrales y templos de otros puntos de Catalunya (Barcelona) y España (León). Es en virtud de lo cual que esta navidad tuvimos la oportunidad de asistir a la última de estas representaciones en la Catedral de Tarragona (La Catedral Basílica Metropolitana y Primada de Santa Tecla).

Un hermosa templo cristiano del gótico temprano, construido entre los años 1171-1334, en un emplazamiento de la parte alta de la ciudad sobre un lugar que otrora fuera ocupado sucesivamente por el templo de Augusto, una catedral visigótica y una mezquita árabe; lo cual le brinda, definitivamente, un marco incomparable a esta tradicional representación y que este año -por razones de salud púbica- la representación se efectúo, con las restricciones del caso (principalmente en aforo), el día 21 y no el 24 como es la tradición, junto a la Misa del Gallo o Nochebuena.

En la ocasión se contó, en el papel protagónico, con la destacada participación de la soprana Marta Mateu como la Sibila, Josep Mateu en órgano, los Ministrers de la Ciutat de Tarrgona, Ensable O Vos Ommes y con la dirección Xavier Pastrana. En este marco y escenario impresionante y con el peso ancestral y en poco más de media hora, se cuenta/canta la profecía de Sibila.

La representación comienza con un preámbulo trayecto (procesión) de la Sibila, avanzando entre dos vestales con cirios encendidos, con música de órgano (que realiza, además, ciertos interludios entre las estrofas del canto para dar descanso de la voz), vestida con una túnica blanca y un tocado azul, portando una espada con la cual describe órbitas que señalan una cruz al final del trayecto cuando llega, procedente de una de las naves de la catedral, al altar mayor (coro), que es en donde se desarrolla la historia (cantada) del anuncio del juicio final en plena celebración del nacimiento de hijo de Dios.

Para luego, por un espacio de alrededor de unos 30 minutos, en medio de una atmósfera penumbrosa (una exigencia de la tradición en función de otorgar mayores cuotas de dramatismo) y la majestuosidad monumental templo medieval, deleitarnos verdaderamente con este impresionante trozo de siglos de cultura, de historia y de vidas pasadas. Una emoción vivencial un goce estético incomparable, (toda) una experiencia inigualable y difícilmente explicable, pero recomendable por sobre cualquier consideración, al margen de lo puramente religioso, claro está.

Os dejamos su texto en versión mallorquín (una variante del catalán) del siglo XV:

“El jorn del Judici
parrá qui haurà fet servici.
Jesucrist, Rei Universal, home i ver Déu eternal del cel vindrá per a jutjar i a cada un lo just darà. Gran foc del cel davallarà; mars, fonts i rius, tot cremarà. Els peixos donaran grans crits, perdent els naturals delits.
Ans del Judici l’Anticrist vindrà i a tot lo món torment darà,
i se fará com Déu servir
i qui no El crega fará morir.
El seu regnat serà molt breu; en aquell temps sots poder seu moriran màrtirs tots a un lloc aquells dos sants, Elies i Enoc.
El sol perdrà la claredat monstrant-se fosc i entelat la lluna no darà claror
i tot lo món serà tristor.
Als mals dirá molt agrament:
– Anau maleïts, en el torment! Anau-vos-ne en el foc etern
amb vostre en príncep de l’infern!
Als bons dirá: – FilIs meus, veniu! Benaventurats posseïu
el regne que us he aparellat
des que lo món va ser creat!
Oh humil Verge! Vós qui heu parit Jesús Infant aquesta nit,
a vostre en Fill vullau pregar
que de l‘infern vulla’ns lliurar!
El jorn del Judici parrà qui haurà fet servici”.

(El día del Juicio aparecerá / el que habrá servido (habrá hecho el bien). Jesucristo, Rey Universal, / hombre y verdadero Dios eternal, / del cielo vendrá para juzgar / y a cada uno lo justo dará. Gran fuego del cielo descenderá; / mares, fuentes y ríos, todo quemará, / gritarán los peces, / y su vital naturaleza perderán. Pero del Juicio, el Anticristo vendrá / y a todo el mundo atormentará / y creyéndose como Dios, / a quien no le obedezca matará. Su reinado será muy breve; / y bajo su cruel poder / mártires morirán, los dos a la vez, / aquellos dos santos, Elías y Enoc. El sol perderá su claridad / mostrándose oscuro y empañado, / la luna no dará luz / y el mundo entero será tristeza. A los malos dirá muy agriamente:/ – Id, malditos, en el tormento, / id al fuego eterno / con vuestro príncipe del infierno. A los buenos dirá: – ¡Venid, hijos míos! / Bienaventurados poseéis / el reino que está apareado / desde que el mundo fue creado).

Por último, si bien el texto es lo más importante de esta pieza, de su melodía tendríamos que decir que se trata de una melodía (de órgano) común, de estilo monódico, principalmente en el estribillo del comienzo y final del canto, pero con variaciones múltiples en las estrofas, en una sucesión de altos y bajos. No han faltado voces expertas que han calificado esta melodía como el producto decadente de una supuesta adaptación/manipulación romántica de la misma en el siglo XIX.

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