Las graves (e invisibilizadas) denuncias que afectan a ex director del Teatro Nacional Chileno

Hace unos meses sorprendía ingratamente la grave denuncia que formulara en las redes sociales (Facebook) el conocido escenógrafo y dramaturgo Remberto Latorre; dueño, además, de una dilata carrera docente como profesor titular (jubilado) del Departamento de Teatro de la Universidad de Chile. En la referida denuncia (pública), el profesor Latorre señaló haber sido víctima de una (presunta) estafa (2018) por parte del exdirector del Teatro Nacional Chileno (TNCH), Ramón Griffero Sánchez, y su, entonces, “productor” personal Fabián Díaz.

En síntesis, el profesor Latorre señala que «ambos personajes, bajo la promesa de montar la obra El Público de García Lorca, adaptada por él especialmente para tal efecto, le solicitaron (inexplicablemente) una importante suma de dinero so pretexto de financiar –supuestamente- una parte importante de los requerimientos del montaje. Montaje que, finalmente, nunca se llevó a cabo y los dineros, sencillamente, se esfumaron», señaló.

El profesor Latorre al ser consultado, señaló: “Puse dinero porque fue la condición que me impusieron para el estreno de la obra y a mi me interesaba que se diera a conocer una obra importante y desconocida de Lorca. En su lugar, el entonces director del Teatro Nacional insólitamente se auto-programó: fueron estrenadas (otras) dos obras del propio Griffero”.

También comentó, además, que se cansó de solicitar insistente e inútilmente las explicaciones del caso, como asimismo la devolución de los dineros comprometidos:

“En algún momento insistimos, con algunos de mis sobrinos que me ofrecieron ayuda, en la devolución de los dineros, pero no hubo caso. Simplemente no han dado la cara. Todo esto ha sido muy desilusionante y prefiero olvidar. Doy por perdidos cinco y medio millones de pesos, “perdidos” por el director y su productor. Hasta el momento no he sabido nada de ellos. Son personas enfermas”, añadió muy afectado.

Los hechos

La denuncia del profesor Latorre, fue formulada en su perfil de Facebook, en donde reproduce íntegramente el diálogo epistolar (vía mail) que sostuvo con uno de los directos involucrados en el hecho a partir de la aceptación del proyecto en cuestión:

“La respuesta del director del Teatro Nacional de la Universidad de Chile, es la siguiente:
20 de noviembre de 2017.

Estimado Remberto,
me parece notable tu adaptación y creación a partir de la obra de García Lorca reduciéndola a cuatro intérpretes. No me imaginaba esta obra con tan pocos personajes.
Fabián muestra un gran entusiasmo en poder actuar en ella. Es un muy buen actor, lo recuerdo muy bien de la escuela de teatro de Universidad Arcis, en la cual fui su director por 10 años. Hablé mucho con él de las posibilidades de poder montarla. Para ello me gustaría contar con grandes actores que de paso deben calzar justo con los personajes, (sobre todo el autor y el director). Para el rol de la actriz creo que Paulina Urrutia es la más indicada por su versatilidad, talento, y porque llevo trabajando con ella muchos años. Fabián lo dejaría en el rol del actor. Hablé con Marcelo Alonso y tiene disponibilidad para comenzar a ensayar en diciembre. A él lo dejaría en el rol del director.
Lo más importante es poder tomar una decisión rápida para quedar en el primer semestre de la programación del próximo año. En la reunión que tuve con Fabián le expliqué los costos que se necesitan para pagar los ensayos de 4 actores, un músico compositor, un diseñador integral y yo como director de escena. Todo esto por un período de ensayos de mínimo 4 meses. Para el personaje del autor estoy viendo la posibilidad de un gran actor que espero esté dispuesto. Esperando que todo se concrete se despide atentamente.
Ramón Griffero Sánchez”.

Así continúa el relato de la denuncia del profesor y escenógrafo Remberto Latorre:

“Se acepta el proyecto para iniciar su preparación de inmediato, a partir de diciembre (2017), por cuatro meses, para estrenar en abril. Habrá que pagar a cada participante (son siete, incluidos una actriz, tres actores, el director (funcionario estable del Teatro Nacional), un diseñador (funcionario estable del Teatro Nacional) y un músico. A cada uno, según se me pide, se le deberá pagar mensualmente doscientos mil pesos (supongo que se trabajará también durante febrero, mes vacacional en la Universidad de Chile, período en que se cierran sus lugares de trabajo). Fabián Díaz pasará a ser el “Productor”, o sea, el que paga las mensualidades según el capital que yo aporto. Le sugiero que proponga al actor Roberto Farías para que interprete el personaje “El Autor”.

Dos propósitos me han movido a aceptar esta condición, que es inédita en una dependencia universitaria estatal y en el Teatro Nacional, que dispone de capital anual para organizar sus estrenos y determinar los contratos necesarios en la parte creativa. La administración es permanente y recibe pago mensual. Propongo a Fabián que mi entrega de dinero sea mes a mes, lo que no acepta. Debe ser con entrega del total, que él va a depositar en su cuenta para ir efectuando los pagos.

El costo total, para mí, por estrenar una obra será de $5.400.000.-
El pago se hace con un cheque (número 3725099) de $4.800.000.-
Y otro cheque (número 3725099) de $600.000.- (Banco de Chile).”

Así continúa el relato el profesor Latorre:

“El día 5 de enero (2018) voy en metro a la calle Bandera de Santiago para comprar con mi tarjeta de Lector del diario El Mercurio, entradas en oferta de dos óperas a estrenarse en su temporada por el Teatro Municipal de Santiago (Lulú, difícil y dodecafónica, y el estreno absoluto de una ópera chilena). De regreso aprovecho de pasar por la galería Antonio Varas y veo, en el ingreso al teatro del mismo nombre, sede del Teatro Nacional de la Universidad de Chile, que ya están puestos los anuncios de presentación de dos obras, la segunda dirigida por Ramón Griffero. Ninguna es El público o Teatro Bajo la Arena, lo que me preocupa. No sé nada más sobre este proyecto hasta la fecha, y el aporte en dinero no se me ha devuelto hasta la fecha”.

La versión de los trabajadores del TNCH y el sumario por malos tratos

Haciéndonos cargo, de algún modo, de esta grave denuncia, iniciamos una ronda de consultas con algunos personajes del medio teatral, del Departamento de Teatro de la Universidad de Chile y, principalmente, con algunos de los funcionarios del TNCH, en donde nos fueron revelados nuevos y sorprendentes antecedentes, que vienen a agravar, indudablemente, aún más la denuncia del profesor Latorre y ameritan una investigación a fondo por parte de las autoridades competentes, destinada a aclarar íntegramente los hechos denunciados.

En primer lugar, se ha podido acreditar que la abrupta y sorprendente salida de Griffero de la (breve) dirección del TNCH no tuvo nada que ver con este insólito incidente -como han señalado algunas versiones-, lo cual es muestra fehaciente de que la denuncia del profesor Latorre, junto con ser un secreto a voces en el medio teatral, permanece invisibilizada y en la más absoluta impunidad.

En cambio, nos enteramos de que su sorpresiva salida (cuestión que extrañamente, también, ha sido silenciada todo este tiempo) estuvo motivada, en verdad, por otro hecho de gravedad: la instrucción de un sumario administrativo en su contra, debido a una denuncia por malos tratos formulada por una funcionaria del teatro. Una denuncia que representa la punta del iceberg y, en realidad, vino a hacerse eco de una situación bastante generalizada tal y como veremos más adelante.

Por su parte, dicha acción administrativa nos fue confirmada por la autoridad pertinente de la Universidad de Chile en los siguientes términos:

“La Facultad de Artes informó que mediante Resolución Nº 08/2018, de 26 de junio de 2018, dictada por la entonces Decana, Sra. Clara Cárdenas Squella, se instruyó
sumario administrativo en contra del Sr. Ramón Griffero Sánchez, a fin de investigar los hechos denunciados por una funcionaria del Teatro Nacional Chileno. Dicho procedimiento disciplinario se encuentra pendiente y tramitándose de conformidad a lo dispuesto en la Ley Nº 18.834, que aprueba el Estatuto Administrativo, cuyo texto refundido, coordinado y sistematizado fue fijado por el Decreto con Fuerza de Ley N°29 del Ministerio de Hacienda (“Estatuto Administrativo”)”.

En efecto, todo parece indicar que la referida denuncia, fue solo la punta del iceberg y la gota que rebalsó el vaso, según los diversos testimonios que pudimos recoger:
“La cuestión es que su (mal)trato fue más que inaceptable con los diferentes funcionarios. Con gritos permanentes, toda suerte de descalificaciones e, incluso, insultos. De hecho, lo que finalmente motivó la instrucción de un sumario en su contra y que le costó posteriormente la salida, fue, precisamente, la denuncia de una de estas conductas formulada por la boletera del teatro, quien lo acusó de haberla insultado en presencia del público”, señala una de las fuentes consultados que prefiere mantener su nombre en reserva.

Al mismo tiempo, Silvio Meier, el cesado director de escena del TNCH luego de una larguísima y brillante trayectoria, señaló: “No había ni un respeto por los funcionarios, sus malos tratos eran repulsivos y, además, habría que agregar que prácticamente saqueó los almacenes del teatro. Hizo tirar (supuestamente) a la basura casi todo el patrimonio de décadas de nuestro teatro desde mucho tiempo atrás. Todo lo cual refleja una absoluta falta de respeto por esta querida institución y su historia. Usó el teatro como plataforma para lanzar su candidatura al Premio Nacional y nada más. De echo se auto-programó. Durante ese año solo se programaron obras de su autoría”.

Un hecho que, ante los ojos de otros de los consultados, es calificado de “abiertamente inmoral y nunca antes visto en toda la historia de la institución”.

Asimismo, cabe destacar que existió un intento desesperado de hacer pública -pero igualmente silenciada- la insostenible situación vivida entonces en “El Varas”, mediante una representación que escenificó el conflicto con la participación de todo el personal del teatro:

“Fue una representación que se hizo en las dependencias de ensayo del teatro, en donde fuimos invitados todos los profesores del Departamento de Teatro de la Universidad de Chile, familiares y otras personas vinculadas al TNCH. Fue una obra impactante por la dignidad y seriedad con que se abordó el grave e inédito problema que vivía gente que lleva décadas en la institución… Se denunciaba una insostenible situación de acoso, abusos y toda suerte de malos tratos que estaban sufriendo como personal del teatro por parte de su director”, señala el profesor, director teatral y exdirector del Departamento de teatro de la Universidad de Chile Abel Carrizo-Muñoz.

Cabe destacar, de paso, que el profesor Carrizo-Muñoz, el año 2002 denunció ante la Contraloría General de la República las graves irregularidades producidas en la asignación de los dineros de un FONDART destinado a la itinerancia de obras, en circunstancias que esta comisión que suministraba los recursos estaba presidida por Griffero, señalándolo a él como responsable directo de la asignación de un cuantioso fondo para la realización de una obra de un desconocido «creador» que resultó ser su pareja sentimental y conviviente: Ricardo Bálic.

“La cuestión es que entonces lo conversé con gente del MINEDUC y con Di Girolamo y me señalaron que no era conveniente hacer nada, a pesar de la evidente irregularidad, que pudiera enlodar la gestión de la entonces Ministra de Educación, Mariana Aylwin. Igualmente, se presentó el recurso en la Contraloría General de la República, pero simplemente se archivó el asunto. Se tapó todo, el contralor de la época era Arturo Aylwin. Este fue uno de los primeros casos de corrupción de la ex Concertación”, expresó Carrizo-Muñoz al recordar el hecho.

Por último, otra de las fuentes consultadas, señaló: «Nos llama poderosamente la atención el manto de impunidad tendido con el que se ha pretendido cubrir todo esto, considerando los personajes y el prestigio de las instituciones involucradas y, muy especialmente, dada la gravedad de los hechos denunciados. Es evidente que en cualquier país normal, sin duda alguna, esto hubiera sido un notición; en cambio en el Chile que parece estar quedando lentamente atrás, y donde la cultura y el arte están destinadas a jugar un rol preponderante en este sentido, simplemente, ¡NO!». Igualmente, nos pidió reserva de su identidad. ¡Sintomático!

*Para la realización de este reportaje no fue posible obtener la participación de algunos de los involucrados, como asimismo no logramos obtener impresiones de la actual dirección del Teatro Nacional Chileno.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.